El político y el arte de la manipulación


En general, todos los grandes manipuladores se han hecho expertos en el arte de seducir. Han aprendido que una forma rápida y eficaz para lograr poder sobre los demás es simular interés por sus necesidades y deseos. Así que eso es lo que hacen.

Entre sus tácticas más empleadas está la alabanza sin medida, la retórica y el apoyo a aquellos a los que se pretende embaucar. Así ganarán su confianza y la aceptación casi incondicional de sus peticiones.

Son expertos embaucadores y tiene gran capacidad para hacerlo -con dominio de la oratoria, y mayor dominio de la demagogia- convenciendo a quién les escuche para que cedan a sus deseos presentándose como seres altruistas que no buscan el provecho propio, sinó por el bien del común. Suelen envolverse en moralina solidaria buscando solo el bien de sus convecinos. Manejan a la perfección un discurso de víctima y siempre incluyen en su oratoria alusiones destinadas a provocar pena, porque saben que la pena es el sentimiento más poderoso a la hora de mover conciencias.

Se ofreceran generosamente a representar los intereses de sus administrados, siendo que tras la apariencia de trabajar por el bien común lo que ocultan es un fin egoísta, un gran deseo de poder y mayor influencia económica.

La parte más pavorosa es que suelen presentarse como nuestros salvadores como un telepredicador más de los que tanto abundan en estos tiempos.

Estos políticos manipuladores profesionales -y más sin abanderan el nacionalismo- ejecutan con maestría su extraordinaria capacidad para hacer sentir culpables a los demás, utilizando la intimidación encubierta a través de un lenguaje plagado de amenazas indirectas, implícitas y sutiles. Provocan temor para conseguir dominación. Conocen bien los réditos del síndrome de Estocolmo.

Tratarán socavar la moral de sus víctimas convenciéndoles de que son menospreciados por otros, apuntando con precisión un cabeza de turco a quién culpar de los males propios. Este enfrentamiento crea un sentimiento de propia indefensión y así será más sencillo atraer a los destinatarios de su mensaje para que deleguen todo en estos embaucadores.

Son expertos en cambiar de tema para esquivar preguntas comprometidas. Son muy propensos a mentir y casi siempre por omisión. No suelen inventar pero deforman aspectos cruciales de la verdad o simplemente los olvidan. Suelen dar muchas vueltas al responder y emplean el lenguaje no verbal de quienes ocultan algo, sobre todo, ante preguntas directas.

Hablan en estilo claro y utilizan una pronunciación pausada, a veces irritantemente despacio, con calma y habitualmente marcado pausas en la entonación; provocando en quién les escucha una falsa sensación de seguridad, de que sabe lo que se dice y lo que cuentan es la verdad absoluta.

Saben que hablando claro y despacio será dificil que se metan con ellos, ya que además suelen usar el respeto y modales artificiales para transmitir una falsa sensación de humildad.

Si se les enfrenta o se les parodia no querrán seguir hablando, pretendiendo hacer creer que son educados, morales, de fiar y mediante alguna pose harán ver que tienen la verdad absoluta.

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