Impedimentos del desarrollo de América Latina


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Los países que forman América Latina, aunque tengan características particulares, comparten grandes rasgos comunes que les salvarán o hundirán mancomunadamente debido a la estrecha dependencia que tienen entre ellos, dificultando el desarrollo individual de cada nación.

Es aceptable asumir que este nivel de dependencia está íntimamente ligado a la deformación estructural que sufren los países latinoamericanos debido a la existencia de deficitarias políticas nacionales que provocan en sus economías un serio retraso productivo y tecnológico.

Los problemas de este desarrollo vienen dados por una tremenda desigualdad y un más que desequilibrado reparto de la renta nacional cuyos orígenes son diversos, pero convergentes:

I . Predominio del sector productivo primario que genera, por su propia naturaleza, mercados interiores y exportaciones de bienes de escaso valor añadido.

II. Mano de obra poco cualificada y de deficiente nivel educativo, sumado a un incompleto tejido empresarial tecnológicamente menguado.

III. Bajo nivel de renta y poco nivel de ahorro que retrae la inversión repercutiendo en una sería constricción de la economía.

IV. Gobiernos que no generan confianza por ineficientes, dotados de escasa transparencia que propicia notables índices de corrupción.

V. Evasión de capitales que hurtan de recursos financieros al desarrollo nacional.

VI. Violencia creciente en intensidad, que genera una percepción social de inseguridad.

VII. Falta de coordinación y voluntad para desarrollar políticas que interconecten los sectores económicos entre sí, creando sinergías de crecimiento.

IX. Importante peso de compañías transnacionales que no contribuyen a la riqueza nacional.

Las economías de América Latina son asimétricas y por tanto necesitan soluciones independientes para cada nación que la integra, aunque el común denominador de las claves para su desarrollo pasa por consolidar políticas serias tendentes a reformar las instituciones y el tejido empresarial de cada país, interactuando armónicamente entre sí al compartir una visión de desarrollo común. Debiendo tomar una común conciencia que necesariamente deberá prestar atención prioritaria al establecimiento de políticas educativas de calidad.

El día que las naciones de América Latina posean un capital humano productivo, con conciencia intelectual integra y conciencia profesional integral, ese mismo día estarán en la línea de salida de una carrera que las conducirá a un desarrollo y bienestar sostenible en el tiempo.

La clave para lograrlo no pasa por el cortoplacismo, ni aún por la inversión de enormes cantidades de dinero, sino por contundentes pactos de estado que garanticen la continuidad en el tiempo de valores educativos aceptables tendentes a crear una conciencia social que pida los necesarios cambios para prosperar hasta su completo desarrollo.

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