Los políticos no son patriotas


Un patriota es aquél que se siente a gusto con su gente, con su cultura, con su historia, con sus tradiciones y con su tierra natal o adoptiva, que es el conjunto que forma la Patria y a la que antepone su entrega por encima de sus intereses particulares aún a riesgo de su propia vida al servicio del bien común, que por ser común, también es bien de él y de su familia.

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Un patriota vive y se desarrolla con una clara y profunda responsabilidad social, desprendido de egoísmos sin participar en la explotación de sus semejantes.

Un patriota no servirá a intereses extranjeros, en detrimento de los intereses de su Patria.

Un patriota lucha por la justicia social, porque sabe y siente, que la patria es común y que todos deben disfrutar de la dicha de vivir y realizarse en una comunidad justa y libre, donde impere la igualdad de oportunidades, deberes y responsabilidades.

Un patriota ama a su pueblo y en aras de la felicidad, seguridad y bienestar del mismo, y nunca dejará sin hacer lo que esté en su mano.

Un patriota es una persona común que practica el patriotismo todos los días y lo proyecta en su vida o en su trabajo, para hacer de su patria un lugar mejor cada día.

Nuestros políticos y gobernantes toleran la injusticia social, la especulación financiera y la explotación de sus compatriotas; carecen de valores éticos y ven con indeferencia como se deterioran los cimientos sociales: sanidad, educación y justicia.

Nuestros políticos y gobernantes han cambiado el fundamento constitucional y la soberanía nacional ya no reside en el pueblo español.

Nuestros políticos y gobernantes son fuertes con los débiles y muy débiles con los fuertes que les teledirigen, y corrompen con prebendas.

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Nuestros dirigentes se someten con agradecida obediencia a los grupos de presión, entregándo con pasividad las directrices de gobierno. Corporaciones industriales y financieras, instituciones de pensamiento y organismos supranacionales ya tomaron el control, y siguen agradando la influencia del verdadero poder.

Duele mucho observar como esta clase de gente instalada en el privilegio, aunada en una casta hedonista; demagoga y atorrante, van acabando con nuestra Patria -que no parece que sea la suya- en la mayor de las impunidades.

No, nuestros políticos no son patriotas.

 

 

 

 

 

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