El abono sangriento del arrepentido Sabino Arana


Sabino P. Arana Goiri (1865-1903) co-inventa el nacionalismo vasco -junto a su hermano Luis (1862-1951)- al fundar el Partido Nacionalista Vasco en 1895; tras su salida del carlismo militante (1883-1893). Tras la muerte de Sabino, su hermano Luís es expulsado del partido en 1915.

La enfermedad que consumía a Arana y la actividad de los nacionalistas radicales que ignoraron su testamento vital aduciendo que Sabino se había vuelto loco, fueron hechos que cambiaron el curso de la historia.

El hecho gratificante es que si, Sabino Arana, se había mostrado como un feroz radical nacionalista desde que abandonó el carlismo, en sus últimos días reconoció el error de todo su erróneo predicado en base al racismo:
“El roce de nuestro pueblo con el español causa inmediata y necesariamente en nuestra raza ignorancia y extravío de inteligencia, debilidad y corrupción de corazón, apartamiento total, en una palabra, del fin de toda humana sociedad. Y muerto y descompuesto así el carácter moral de nuestro pueblo, ¿qué le importa ya de sus caracteres físicos y políticos.”

Utilizando la lengua como factor de exclusión:
“Tanto están obligados los bizkainos a hablar su lengua nacional como a no enseñársela a los maketos o españoles. No el hablar éste o el otro idioma, sino la diferencia del lenguaje es el gran medio de preservarnos del con los españoles y evitar así el cruzamiento de las dos razas.”

Predicando la discriminación:
“En Cataluña todo elemento procedente del resto de España lo catalanizan, y les place a sus naturales que hasta los municipales aragoneses y castellanos de Barcelona hablen catalán; aquí padecemos muy mucho cuando vemos la firma de un Pérez al pie de unos versos euskéricos, u oímos hablar nuestra lengua a un cochero riojano, a un liencero pasiego o a un gitano.”

“Que el obrero catalán se lance en brazos del socialismo o del anarquismo, no puede sorprendernos. Pero que los jóvenes vascos busquen en las promesas de gente invasora…”.

Incitando al odio:
“Conque, ¿es antiespañol el euskera? Es la primera vez que lo oímos de labios maketos. ¡Ya lo sabéis, euskaldunes, para amar el euskera tenéis que odiar a España!”
“Nosotros odiamos a España con toda nuestra alma, mientras tenga oprimida a nuestra Patria con las cadenas de esta vitanda esclavitud…”
“Si a esta nación latina la viésemos despedazada por una conflagración intestina o una guerra internacional, nosotros lo celebraríamos con fruición y verdadero júbilo,..”

Éstas palabras chocan con el credo carlista que había abrazado poco antes y que por lo tanto deja entrever un cierto gusto a revancha:
“Soy católico y me está prohibido odiar al prójimo”
(El Partido Carlista y los Fueros Vasco-Navarros de 1897)

Para no dejarse nada en el tintero, también practicó el machismo militante cuando dijo:
“La mujer, pues, es vana, es superficial, es egoísta, tiene en sumo grado todas las debilidades propias de la naturaleza humana: por eso fue ella la que primeramente cayó. Pero por eso precisamente de ser inferior al hombre en cabeza y en corazón, por eso el hombre debe amarla: ¿qué sería de la mujer si el hombre no la amara? Bestia de carta e instrumento de su bestial pasión, nada más”.

Arana, en sus últimos días abrazó “la renuncia del nacionalismo a la independencia”, escribiendo el 23 de junio de 1902, una carta a su hermano Luis, en la que le decía:

«Mi consejo es que hay que hacerse españolistas y trabajar con todo el alma por el programa que se trace con este carácter. A mi modo de ver, la Patria nos lo exige. Esto parece un contrasentido; pero si en mí se confía debe creerse. Es un golpe colosal desconocido en los anales de los partidos. Queda empañada toda mi reputación. Deshecha la obra de muchos años, levantada a costa de grandes sacrificios. Tú ya me comprenderás…”

El problema es que el veneno ya estaba inoculado, y el partido que se inventó ya estaba en marcha y siguió reproduciéndose como se multiplica la mala hierba. Su ideología era plana y sencilla de evangelizar para multiplicar a sus adeptos. El Partido Nacionalista Vasco ya estaba en marcha y sus sucesores en la dirección no iban a dejar que el invento se acabara; aun a costa de retorcer y distorsionar lo que hiciera falta.

Cuán diferente hubiese sido la historia de España si las ideas de Arana se hubiesen quedado como el simple ensayo de la persona resentida que fué, pero por desgracia sirvieron como base para que un movimiento vascuence antinatural causase un daño irreparable al servicio de una intrigante maraña de intereses entrecruzados de la burguesía vasca regados con consetidos rios de sangre.

Pero quedó el rescoldo de una ideología criminal que nos ha quemado por décadas y del que todavía sentimos su calor, envuelta en una artificial bandera de partido inventada, e impuesta como símbolo de una más que dudosa nación vasca al más puro estilo nacional socialista alemán.

Lo preocupante es que los sucesivos gobiernos de España han venido abordando el antinatural nacionalismo vasco con una tibieza trufada de prebendas que solo contribuían a adormecer el problema siempre latente y a la vez engordaban a la bestia que siempre confundió el diálogo con debilidad.

Siempre imaginé a modo de ejemplo, que unas cabras locas -el PNV y sus satélites- en el interior del Museo del Prado -que representa a España-, en el que el Patronato del Museo -Gobierno de España- trata de razonar con templado “talante” con los animales mientras éstas cornean y destrozan, sala por sala, todo el patrimonio cultural que encuentran a su paso.

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