La sustición de Dios por el humanitarismo lacrimógeno


“Pertenezco a una generación que ha dejado de ser católica por el mismo motivo que lo fue la de sus padres: sin saber por qué.”, reflexionaba Fernando Pessoa, autor de esas palabras. Sin duda, lo peor de la supuesta muerte de Dios resultan ser los toscos sucedáneos que han venido a usurpar el espacio del misterio que ocupara la vieja religión.

¿Qué son, si no, las oenegés y toda la ingente industria de la solidaridad y del humanitarismo lacrimógeno que las rodea, sino pobres y rudimentarias imitaciones en cartón piedra de la liturgia y del ancestral misterio cristiano? Como en su día el comunismo, anarquismo e ideologías afines, transformados ahora en culto a la ecología, a la paz universal o la devoción al libre mercado, que apenas esconden tras sus dogmas de apariencia racionales, y racionalistas, otra cosa que no sea religión sublimada. Húrguese un poco en la trastienda moral de su común lenguaje laico y laicista, solo un poco, y al punto reaparecerá el ancestral afán bíblico de redimir a la Humanidad implantando el reino de Dios en la Tierra.

 Se llama Anna Biriukov. Eslava, rubia, ojos claros. Aplomo y carácter. Un racimo de apellidos españoles y rusos. En sexto lugar, Ibárruri. Educada en la disciplina comunista, vino a Madrid, se casó, tiene seis hijos, se hizo católica e ingresó en el Opus Dei.


Se llama Anna Biriukov. Eslava, rubia, ojos claros. Aplomo y carácter. Un racimo de apellidos españoles y rusos. En sexto lugar, Ibárruri. Educada en la disciplina comunista, vino a Madrid, se casó, tiene seis hijos, se hizo católica e ingresó en el Opus Dei.

Acaso la mayor mentira de este tiempo de mentiras que nos ha tocado vivir sea la presunción de que la nuestra es una era descreída. Nada más ajeno a la verdad. Éste es un tiempo de dioses de todo a cien. Y sin embargo, con sus pecados, que son muchos como mucha es su historia, la Iglesia de Cristo ha generado infinitamente menos fanáticos, idólatras y alumbrados que ese surtido carrusel de religiones laicas que lleva siglos pugnando por ocupar su lugar. Repárese en la retahíla de necios temerarios que hoy mismo pretenden impartir magisterio sobre la doctrina social del catolicismo al propio papa Francisco.

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