Como responder a la peligrosa influencia del lobby gay


Insensibilizar al público con respecto a los gays y sus derechos; ayudarle a ver la homosexualidad con indiferencia; cualquier comportamiento empieza a parecer normal si se satura al público, que haya mucha gente que hable mucho sobre el tema en términos neutrales o favorables. Que se hable del tema continuamente da la impresión de que la opinión pública, al menos, está dividida, y de que un sector considerable admite o aun practica la homosexualidad. Los debates entre detractores y defensores sirven para insensibilizar, siempre que salgan a la palestra gays “respetables” que hablen a favor. Lo principal es hablar de lo gay hasta que el tema llegue a resultar tremendamente aburrido”.

El Diario Oficial de la Federación (DOF) de fecha 21 marzo 2014 promulga un DECRETO “por el que se deroga el diverso por el que se declara Día de la Tolerancia y el Respeto a las Preferencias, el 17 de mayo de cada año, y se declara Día Nacional de la Lucha contra la Homofobia, el 17 de mayo de cada año”.

Aflora la verdadera intención del gobierno mexicano y aclara el eufemismo del 17 de mayo de 2010: “Tolerancia y el Respeto a las Preferencias, por la meridianamente clara:Lucha contra la Homofobia”. Se dejaron pasar cuatro años de cuarentena a modo de globo sonda y a la vista del escaso rechazo popular, el gobierno mexicano ha decidido manifestarse de forma contundente.

Es harto esclarecedor el artículo que apareció en la revista gay Christopher Street en diciembre de 1984, que refleja con gran exactitud lo que ha ocurrido en los medios norteamericanos, y por ende lo que viene sucediendo en el resto del mundo. El artículo -planteado como plan de batalla– se titula “Waging Peace: A Gay Battle Plan to Persuade Straight America”. Los autores son dos conocidos dirigentes del movimiento gay: Marshall K. Kirk y Erastes Pill.

En una parte del artículo, los autores divulgan seis estrategias para “persuadir” a los heterosexuales; que para resumir, podemos esquematizar en tres objetivos básicos:

Primero, insensibilizar y normalizar,

Segundo, insistir en que los gays son víctimas, y

Tercero, satanizar a los defensores de la familia.

En concreto, esto es lo que proponen:
«Creemos que lo primero es insensibilizar al público con respecto a los gays y sus derechos. Insensibilizar al público es ayudarle a ver la homosexualidad con indiferencia, y no con apasionamiento. Casi cualquier comportamiento empieza a parecer normal si se satura al público. El modo de entumecer la sensibilidad espontánea hacia la homosexualidad es que haya mucha gente que hable mucho sobre el tema en términos neutrales o favorables. Que se hable del tema continuamente da la impresión de que la opinión pública, al menos, está dividida, y de que un sector considerable admite o aun practica la homosexualidad. Incluso los enconados debates entre detractores y defensores sirven para insensibilizar, siempre que salgan a la palestra gays “respetables” que hablen a favor. Lo principal es hablar de lo gay hasta que el tema llegue a resultar tremendamente aburrido».

Presentar a los “gays” como víctimas
Respecto a este primer punto, yo diría: “misión cumplida”. La premonición y exactitud de esta descripción del programa gay es absolutamente extraordinaria. Los autores prosiguen:
«
Dónde hablemos tiene su importancia. Los medios audiovisuales, el cine y la televisión, son claramente los más poderosos creadores de imagen en la civilización occidental. El hogar medio norteamericano consume siete horas diarias de televisión. Esto abre un puerta en el mundo privado de los heterosexuales, por el que se puede introducir un caballo de Troya. En lo que toca a quitar sensibilidad, el medio es el mensaje de la normalidad. Hasta ahora, el Hollywood gay ha resultado ser nuestra mejor arma secreta en la batalla por insensibilizar a la mayoría. Poco a poco, en los diez últimos años, se han ido introduciendo personajes y temas gays en los programas de televisión y en las películas. Ha sido, en conjunto, un proceso alentador».


Recordemos que esto se escribió en 1984. A continuación, los autores hablan sobre sus oponentes:
«Podemos minar la autoridad moral de las
Iglesias homófobas presentándolas como retrógadas y anticuadas, desfasadas con los tiempos y los últimos descubrimientos de la psicología. Frente al enorme empuje de la religión institucional, hay que oponer el poder de atracción, aun mayor, de la ciencia y la opinión pública. Semejante no-santa alianza ha demostrado ser una buena arma contra las Iglesias en temas como el divorcio o el aborto. Si se habla abiertamente y en dosis suficientes de la prevalencia y respetabilidad de la homosexualidad, esa alianza puede volver a funcionar».

Después, los autores nos llevan al segundo punto:
«Hay que presentar a los gays como víctimas y no como revolucionarios agresivos. En toda campaña para ganarse al público, los gays deben aparecer como víctimas necesitadas de amparo, para que los heterosexuales se sientan espontáneamente inclinados a adoptar el papel de protectores. Si, por el contrario, se presenta a los gays como un grupo fuerte y orgulloso que promueve un estilo de vida rígidamente inconformista y desviado, entonces será más fácil que sean vistos como una amenaza pública, a la que estaría justificado resistir y reprimir. Por eso debemos vencer la tentación de hacer alarde público de nuestro “orgullo gay” cuando esto entre en conflicto con la imagen del gay como víctima».

Satanizar al oponente
Los autores abordan el último punto. Hablan de
entumecer la sensibilidad y de normalizar, de presentar a los gays como víctimas; y finalmente, hablan de cómo satanizar a sus oponentes.

Escriben: «En una fase posterior de la campaña por los derechos de los gays, habrá que arremeter contra los que todavía se opongan. Hablando claro: hay que vilipendiarlos. Aquí nuestro objetivo es doble. Primero: hemos de procurar cambiar su arrogancia hacia un sentimiento de vergüenza y de culpa por ser homófobos. Segundo: hay que mostrar al público imágenes de homófobos acérrimos que tengan otros rasgos y creencias desagradables para el americano medio. Entre tales imágenes podrían estar: el Klu Klux Klan pidiendo que se queme vivos a los gays o se los castre; pastores fanáticos del sur que babean de odio histérico hasta el punto de que parezcan cómicos y trastornados; punkies, matones y criminales que hablen en tono amenazador y descarado de los “maricas” que han matado o les gustaría matar; un recorrido por los campos nazis donde se torturaba y gaseaba a homosexuales».

Yo diría que los efectos han sido devastadores. Al ver el plan de batalla tan brillantemente trazado en este artículo, ¿quién pondría en duda que parte del problema, en esta que algunos han llamado guerra cultural, consiste en que un bando está preparado, organizado y firmemente decidido, mientras que el otro bando no está más que empezando a despabilarse poco a poco?

A favor de la familia
¿Qué podemos hacer? Pues respondiendo con el mismo esfuerzo coordinado, y deliberado, que han empleado los ideológos del movimiento gay. Ellos han insistido en insensibilizar y normalizar, en presentar a los gays como víctimas y en satanizar a los oponentes. Lo que debemos hacer es
renormalizar la vida familiar. La lección más importante -de una importancia crucial- es que no llegaremos a ninguna parte si este conflicto se plantea entre defensores de la homosexualidad y contrarios a la homosexualidad. Porque, en ese caso, resulta muy difícil convencer de que no somos simplemente: gente hostil, intolerante y antipática.

La mayor amenaza contra la familia no viene de la comunidad gay. Viene de la infidelidad, del divorcio y de todas las tentaciones fruto de una cultura hedonista. Nuestra respuesta no debería ir específicamente dirigida a los homosexuales o a las cuestiones homosexuales, sino a la necesidad de dignificar, santificar y defender la familia y la institución del matrimonio.

En el segundo aspecto, el de la victimización, tenemos que denunciar cómo se victimiza a la familia. Tenemos que hacer ver cómo se ataca a los padres que intentan defender la inocencia de sus hijos, no sólo en los medios de comunicación, sino también en los colegios, por parte de un Estado cada vez más hostil, y por grupos que promueven todo tipo de libertad de expresión, excepto la de afirmar que el matrimonio heterosexual y monógamo es, sin comparación, algo valioso e importante, por lo que merece la pena luchar.

Destacar lo positivo
La tercera parte de la estrategia gay, la de
satanizar, es la única que no debemos adoptar. No necesitamos satanizar a nadie. Nuestra táctica no debe basarse en la satanización, sino muy al contrario: en el amor y la compasión; se ha de destacar lo positivo, en vez de arremeter contra lo negativo de aquellos con quienes estamos en desacuerdo o caricaturizarlos grotescamente.

Conclusiones

Es un hecho la existencia de una infiltración en los Estados por diversas organizaciones que persiguen un radical cambio estructural en el orden mundial como le conocemos, y para ello es imprescindible acabar con la institución de la Iglesia por ser considerada como un obstáculo para el desarrollo de ciertas clases de ideologías fabricadas artificialmente. La Iglesia católica -al igual que el resto de las confesiones mayoritarias- al carecer de políticos al uso centrados en comportamientos egoístas, y de raíz material, es más difícil de combatir.

Independientemente de la extensa red de organizaciones -poder financiero incluído- que buscan influir en la propagación de esta corriente de relativismo, hay una a destacar: la Masonería, que en la actualidad está constituída como un verdadero lobby y que de su tradicional secretismo, está transitando de la discreción a una calculada salida a la luz pública como lo demuestra la apertura de su legación en Bruselas para establecer un contrapoder a la influencia de la religión en la política comunitaria de la Unión Europea.

Si España ha sido un banco de pruebas para los predicados masónicos, como señala Ricardo de la Cierva, ex ministro, historiador y uno de los mayores expertos en masonería; que respondía lo siguiente con motivo de una entrevista a la Revista Alba:

-¿Son algunas de las políticas del Gobierno Zapatero de inspiración masónica?
-Todas. Éste es un Gobierno masónico como el Grupo Prisa es un grupo masónico. Y conste que tengo una buena amistad con el señor Polanco, así que no es nada personal. Pero tengo que decir la verdad. La política ferozmente anticristiana y anticatólica de Zapatero en temas como las relaciones con la Iglesia, el “matrimonio” homosexual, la reforma educativa, etcétera, está dirigida a erradicar la influencia de la Iglesia en la sociedad. Eso es la masonería. Ahora Zapatero está un poco más moderado, porque ha visto la reacción mundial tras la muerte de Juan Pablo II y la elección del cardenal Ratzinger como nuevo Papa. Y por si esto fuera poco, ha visto cómo la prensa masónica española se ha rendido a la evidencia de que Juan Pablo II poseía aquellas cualidades que ellos más veneran: dominio de las masas, profundidad espiritual y proyección universal. Y eso que en la época en la que Juan Pablo II acabó junto con Ratzinger con la Teología de la Liberación El País, en un editorial obra de uno de sus colaboradores, llamó al Papa “maníaco besacementos”.

-¿Puede dar nombres de destacados masones españoles?
-Don José Luis Rodríguez Zapatero.
-¿Es masón? ¿Lo tiene usted documentado?
-Lo tengo documentado.
-Es decir, que en un momento dado él no le dejaría a Vd. por mentiroso.
-No lo creo.
-¿Está convencido?
-Estoy convencido.

Peña Nieto mostrando sus manos con el signo masón: puño y palma

Peña Nieto mostrando sus manos con el signo masón: puño y palma

Y a modo de ejemplo, México es otro ejemplo y su Decreto de 21 de marzo de 2014 sobre la Lucha contra la Homofobia lo demuestra. Para no tener la más mínima duda solo hay que observar la fotografía institucional de su Presidente Peña Nieto, sentado de forma erguida, piernas ligeramente separadas flexionadas con 90º y sus manos mostrando puño y palma, al más puro estilo reglamentario masón.

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