Visión histórica sobre las consecuencias de la deuda de una nación. De la Alemania de 1919 a la España de 2014.


Diario del 28 de julio de 1923, en el titular dice que al cambio, un dólar estadounidense equivale a un millón de marcos.

Diario del 28 de julio de 1923, en el titular dice que al cambio, un dólar estadounidense equivale a un millón de marcos.

 

Las deudas de los países no son un problema menor y han estado en el origen de algunos de los sucesos históricos más dramáticos de la historia, analicemos el caso de la Alemania de la República de Weimar tras la 1ª Guerra Mundial.

Como consecuencia del Tratado de Versalles, Alemania, aparte de no poder disponer apenas de ejército, perder las colonias y algunos territorios europeos (como Alsacia y Lorena), tenía que hacer frente a un volumen inmenso de reparaciones de guerra que debía pagar a los Aliados vencedores de la contienda, mayoritariamente a Inglaterra y Francia (los EEUU no firmaron el Tratado).

Este fue el principal problema de Alemania, y la principal causa del ascenso del nazismo y de la siguiente guerra: la deuda externa del país.

Hay que tener en cuenta que la economía alemana se había resentido mucho con la guerra, por la conversión de la industria a la producción militar y la muerte de millones de trabajadores, por lo que su capacidad de afrontar las deudas era muy limitada. El pago de esas deudas serían un freno adicional a la recuperación, y por tanto, como consecuencia al efectivo pago de las reparaciones demandadas.

Para Inglaterra, influida por las ideas de Keynes, no era prioritario la aplicación de las reparaciones de guerra, pues consideraba que una Alemania saneada era necesaria para una prosperidad europea general, además no quería que las reparaciones debilitaran a Alemania hasta el extremo de que Francia tuviera un papel muy preponderante en el Continente, ya sabemos que Inglaterra siempre ha jugado al equilibrio continental de potencias.

El punto de vista de Francia, en la persona de su presidente R. Poincaré, era claro y opuesto al de Inglaterra, quería cobrar las reparaciones a toda costa, por un lado para conseguir recursos para recuperar su economía y por otro lado para debilitar al máximo a Alemania y poder ampliar los mercados para las mercancías francesas a costa de los productos alemanes, además de debilitar la capacidad de Alemania de ser una potencial amenaza militar en el futuro.

Los hechos se precipitaron en enero de 1923 cuando Francia, para forzar el cobro de las deudas, invadió con su ejército la cuenca del Rhur -la región más industrializada de Alemania- es decir, atacó a una indefensa Alemania en su yugular económica.

La primera medida que practica el gobierno alemán fue la resistencia pasiva, por lo que las fábricas dejaron de funcionar. Los efectos de este acto fueron devastadores, se produjo la hiper inflaccion del marco alemán, haciendo que el Indice de Precios al por Mayor pasase de 100 en Julio de 1922 a 726.000.000.000, como consecuencia de una frenética emisión de papel, para pagar a los aliados y tratar de compensar las pérdidas de las industrias y las regiones ocupadas. En este período el marco perdió todo su valor, y el intercambio volvió a basarse en el trueque de bienes y servicios.

El efecto fue especialmente devastador para la clase media, que en Alemania tiene un carácter especialmente conservador, previsor y ahorrador, y que vio como sus ahorros de toda una vida se perdieron en unos meses, además de la ruina de los negocios y el paro galopante subsiguiente en un país poco acostumbrado a esta inestabilidad, que desencadenó un severo trauma en la población.

El efecto, el impacto en la sociedad alemana, y sobre todo en la clase media, de todo lo anterior fue brutal: humillación por la ocupación francesa del Rhur en un país con un muy alto orgullo nacional, pérdida de los ahorros de toda la vida y empobrecimiento súbito, paro generalizado, auge de los movimientos revolucionarios, inseguridad y criminalidad crecientes, o cuestionamiento de la propiedad privada.

Los efectos de hiperinflación alemana fueron devastadores

Los efectos de hiperinflación alemana fueron devastadores

En la mentalidad, sobre todo de la clase media, esto tuvo unas consecuencias traumáticas y abrió el camino para la búsqueda de soluciones “aventureras” que, de una vez por todas, le devolvieran la confianza, la auto-estima y la seguridad… Esto explica la ascensión de personalidades mediocres y extremistas como Hitler, cuyo programa electoral y primeros actos en el gobierno fue invalidar todos los términos del Tratado de Versalles, y en primer lugar, anular la reparación de guerra, lo cual le granjeó la simpatía de todo el país.

No hay que despreciar, además, el efecto de la hiper inflación sobre la consideración que tenía la sociedad alemana sobre los judíos, pues aparte de los Aliados, se consideraba que el comportamiento de los especuladores financieros y banqueros (judíos en su mayor parte) había contribuido a agravar la hiper inflación y sus efectos negativos. Este argumento sería crucial para el discurso nazi señalando a un culpable directo de gran parte de su desgracia: el pueblo judío.

Visto con perspectiva histórica, la postura de Inglaterra y EEUU, mucho más conciliadoras respecto a las reparaciones de guerra alemanas, que la de Francia, eran las adecuadas, tanto para el fin perseguido: el cobro de las indemnizaciones, como para conseguir que Alemania fuera un país próspero, pacífico y estable, cosa que, como sabemos, desgraciadamente no sucedió y que fue la causa primera de la muerte y sufrimiento de millones de personas en el conflicto bélico 1939-1945.

Sin llegar a comparar la entidad de ambos momentos históricos, es deseable que los acreedores actuales de España tomen nota de los sucesos históricos y tengan una actitud flexible respecto a la forma en que debe procederse al requerimiento de las “reparaciones” (deudas), dejando que el país pueda recuperarse a un ritmo adecuado sin estrangular su “yugular” económica y social con medidas que puedan hacer entrar al país en una recesión que deje cicatrices profundas, y una inestabilidad social que, a su vez, hagan mucho más improbable el pago de esas mismas deudas y añadan un sufrimiento innecesario a toda la sociedad, o incluso que tengan el efecto perverso de alentar el ascenso de personalidades populistas agresivas que creen problemas añadidos.

Y si no véase el auge de los populismos autoritarios en Latinoamérica como reacción al tipo de medidas alentadas por el FMI y el Banco Mundial en los años 90 debido a las mismas recetas de corrección de la deuda externa de estos países que ahora se van aplican en España.

David Rockefeller en una cena con embajadores de la ONU: “Estamos al borde de una transformación global. Todo lo que necesitamos es una gran crisis y las naciones aceptarán el Nuevo Orden Mundial”.

David Rockefeller en una cena con embajadores de la ONU: “Estamos al borde de una transformación global. Todo lo que necesitamos es una gran crisis y las naciones aceptarán el Nuevo Orden Mundial”.

Las medidas que imponen el FMI y el BM, como las de los 90 en Latinoamérica y otros países, son mucho más duras ahora que las de los años 30 y 40 (tras la 2ª Guerra Mundial), y la razón de esto es que, tras el colapso de los regímenes comunistas, estos organismos y sus promotores (los grandes inversores internacionales y los países más ricos) están seguros de que no existirán situaciones revolucionarias por muy duras que puedan ser las medidas para la sociedad a las que se le aplican.

Esto, verdaderamente es jugar con fuego, pues la historia demuestra que nunca se detiene, y que la corrección de los factores puramente económicos no pueden promover la fractura social. De alguna manera el sufrimiento de los débiles va a seguir dando dolores de cabeza a los poderosos.

Todo lo anterior no quita para que haya una profunda revisión de la forma del sistema político español, de poner fin a la estructura partitocrática pura de nuestra democracia con el objetivo último de evitar que la política sea una salida profesional más o la forma más lucrativa de hacer negocios o el método más fácil para enriquecerse o tener seguridad laboral de por vida para pícaros, o una especie de “selección natural de inútiles” sin otro mérito que el de seguir ciegamente las consignas del partido.

Este comportamiento gubernamental y político, hace que la democracia se convierta en un simple ‘régimen pleibiscitario cuatrianual’ donde se le consulta al pueblo qué marca registrada (partido) quiere que le gobierne los siguientes cuatro años sin tener el mínimo control sobre su gestión, y que nos puede llevar a desastres similares al que nos ha llevado en los últimos años con el timo piramidal de la mega burbuja inmobiliaria y la apuñala te corrupción de la cosa pública.

La observación de los acontecimientos actuales nos hace pensar que nuestros acreedores del s.XXI tienen una mentalidad más cercana a la del presidente francés R. Poincaré que a la de J.M. Keynes, y esto hace que nos empecemos a preocupar muy seriamente por nuestro inmediato futuro.

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