El cuento de Los Tres Cerditos y el Feroz Lobo Imperialista


El cuento de Los Tres Cerditos y el Feroz Lobo Imperialista.

El cuento de Los Tres Cerditos y el Feroz Lobo Imperialista.

Había una vez -los comunistas también empiezan así sus cuentos- Tres Cerditos que vivían tranquilamente los vaivenes de la lucha de clases en su comarca. El Cerdito Burgués, el Cerdito Pequeñoburgués y el Cerdito Proletario. Como ocurría que eran tiempos de la línea del Frente Popular todos vivían amistosamente. Hasta que vino el Feroz Lobo Imperialista a querer comérselos a todos.

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Excurso: Ya sabeis como son los feroces lobos imperialistas, que no pueden quedarse en sus casas y siempre andan metiendo su fascista hocico donde nadie los llama para rapiñar lo que puedan, comerse a los cerditos, a caperucita, a los enanos, los ahorros o el petróleo.

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Seguimos con el cuento:
Entonces apareció el Feroz Lobo amenazando a los chanchitos con resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU y con inspecciones del FMI. (No confundir FMI con FLI: Feroz Lobo Imperialista)

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Los cerditos muy preocupados por el accionar del lobo decidieron tomar precauciones y, como bien sabemos, el Cerdito Burgués construyó una casa de paja, Cerdito Pequeñoburgués la hizo de madera y el Cerdito Proletario -muy astuto él, y al final del cuento sabremos porqué- la levanto de ladrillos.

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Como el Cerdito Burgués tenía su casa fabricada con los malos materiales de la burbuja financiera -y que había comprado pegando un pelotazo-, no aguantó el poderoso aliento del Feroz Lobo Imperialista que sopló y sopló mientras gritaba eufórico: “soplaré, soplaré y a este gil arruinaré“.

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El Cerdito Burgués asustado salió corriendo y se refugió en la casa del Cerdito Pequeñoburgués que había sido más previsor haciendo su casa con la madera de derribo extraida de una vieja fábrica okupada. Pero el Feroz Lobo Imperialista –voraz y enloquecido por su anterior éxito- sopló y sopló, y el sueño de la pequeñaburguesía se desmoronó.

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Así que los dos cerditos, muy asustados, fueron corriendo a pedirle cobijo al Cerdito Proletario, que a base de sucias metiras capitalistas, le convencieron y los dejó entrar. Pero el pertinaz Feroz Lobo Imperialista sopló y sopló, y la casa… no se cayó; porque estaba constituida con los sólidos ladrillos de la “ciencia proletaria” -el marxismo leninismo-, con los sólidos cimientos “de clase” y los firmes pilares “del Partido”.

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Lo que no vieron venir los dos cerditos es que la resistente construcción, tan aparentemente protectora, del Cerdito Proletario se edificóaprovechando la excusa del Feroz Lobo Imperialista- para que los incautos cerditos no pudiesen salir de ella jamás.

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Y, colorín colorado -pero que muy colorado– este cuento se ha acabado. Por ahora.

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