Prim fue estrangulado y apuñalado, y la Complutense denunciada por falsedad en peritajes.


General Juan Prim y Prats

General Juan Prim y Prats

La doctora María del Mar Robledo Acinas, autora junto con Ioannis Koutsourais del estudio médico legal del cadáver de Prim (Las muertes de Prim, Tébar) ha concluido sus trabajos: el general Prim fue desnudado presuntamente para curarle, pero en realidad para ser apuñalado por la espalda en cuanto llegó a su casa. Esto fue previo al remate final, con estrangulación a lazo, al ver que de esta manera y después de los trabucazos de la calle del Turco, todavía no había muerto.

La eminente doctora Robledo ha invertido más de un año en perfilar su descubrimiento que cuenta en lenguaje científico. Se trata de un bombazo planetario: una nueva sorpresa que encaja perfectamente en las revelaciones de la Comisión de Investigación del magnicidio. Cuando Prim llegó al Palacio de Buenavista, en Cibeles, desmayado, bajo un shock hipovolémico por la sangre perdida y sobrepasado el umbral del dolor, seguía en manos de sus asesinos que se arrojaron cobardemente sobre él, como en su día sobre Julio César.

El nuevo descubrimiento de la doctora Robledo es el broche de oro de su estudio. Nadie intentó curar a Prim. Le agredieron indefenso y vulnerable en su lecho de dolor. La doctora ha encontrado una herida, que una vez examinada, es compatible con una puñalada en la parte alta de la espalda, región escapular, porque lo que tiene Prim es una puñalada trapera. Normal, si recordamos que los sicarios contratados eran gente del hampa, amigos de reyertas y expertos en puñalada de pícaro. La herida que se aprecia perfectamente en la foto exclusiva de Koutsourais tiene labios y quedó sangrante cuando fue rematado a lazo. Y eso que Prim decía que “España no es un país de asesinos“.

Evidencia de la 'puñalada trapera' en la momia del general Prim

Evidencia de la ‘puñalada trapera’ en la momia del general Prim

Este crimen brutal se ha resuelto de una forma inesperada. En especial porque la momia ha hablado y porque los muertos a veces hablan más que los vivos. Sólo la Comisión Prim de Investigación ha escuchado lo que la momia tenía que decir, sin alterar su estado ni violentar su aspecto.

Esta herida de arma blanca, que es una de las que no tuvieron en cuenta los miembros del fallido contra-informe de las Universidades Complutense y Alcalá, es la prueba definitiva de la negligencia y la dejadez de los “seis sabios forenses” que supuestamente examinaron el cuerpo de Prim, dos de ellos, los doctores Bernardo Perea y María José Anadón, miembros nada menos que de la Real Academia de Medicina, para vergüenza de la misma.

La verdad es que la realeza lleva la peor parte en estas, porque la Sociedad Bicentenario, que fue quien contrató a los desprestigiados peritos de la Complutense -que en la actualidad, con Bernardo Perea de director, esta denunciada en dos juzgados de Madrid por supuesta falsedad en peritajes– ha logrado confundir a Jesús Posada, presidente del Congreso de los Diputados, que les prestó oídos y quien a su vez ha confundido a su Majestad, el rey Felipe VI, que en el primer despacho con Posada, mandó totalmente equivocado una salutación “con cariño” para estos que han insultado e injuriado a Prim diciendo que bombardeó Barcelona y que han perpetrado los peores festejos que nombrarse puedan para el general, amén de respaldar el destrozo de la momia, que la deja inútil para ningún otro estudio forense.

La momia de Prim, de 144 años, ha sido manipulada, deformada y contaminada. La han llenado de hongos por guardarla entre plásticos y la han convertido en un chocante muñeco, cuando eran los restos nobles de un gran militar y hombre de Estado. La han enterrado, quién sabe para cuánto tiempo, porque debería ser exhumada por el próximo ayuntamiento para evaluar los daños y saber lo que de verdad le han hecho.

Los de la Escuela de Medicina Legal y Forense, que afrentan a la Academia de Medicina, cuyo culpable último es el rector José Carrillo, hijo del desaparecido Santiago Carrillo, que en la práctica está deconstruyendo o demoliendo la Facultad de Medicina y tal vez toda la Complutense, no hicieron un verdadero contrainforme, sino un capirote o “mantente mientras cobro“, pues no atinaron con la relación de las heridas, ignorando el trabucazo que atraviesa el codo izquierdo de parte a parte y la cuchillada de la espalda. Lo que certifica ni más ni menos que no vieron la momia para ese remedo al que no ha respondido la abochornada Academia de Medicina. Por cierto que un falso catedrático de la Complutense es quien ofrece cobertura histórica para toda esta conspiración contra Prim y contra la historia de España.

Al general Prim le han ofendido, difamado e insultado. Más que cuando Modesto Lafuente le llamó “Pringue” y recibió un castigo de bastonazos. Han convertido su cadáver en un fantoche y han tratado a toda costa de que se mantenga la mentira histórica por la que murió de una infección o septicemia cuando las heridas no se cerraron, ni se infectaron. Murió sangrando por todos los agujeros, y de una estrangulación a lazo, totalmente acreditada. La Comisión Investigadora fue la única que le ha hecho la autopsia científica no invasiva y la ha documentado con miles de fotografías.

El general Juan Prim, la forja de un catalán español en el atribulado siglo XIX. El Rey Amadeo I ante el cadaver del general Prim, en su funeral

El general Juan Prim, la forja de un catalán español en el atribulado siglo XIX. El Rey Amadeo I ante el cadaver del general Prim, en su funeral

El cadáver de Prim no es propiedad del Ayuntamiento de Reus. Y preguntada la corporación de CiU y PP por los periodistas sobre por qué le han puesto dientes a la momia, tampoco han dado la cara. De forma anónima han respondido “que es lo que se suele hacer con las momias“. No será con las de Tutankhamon, Evita Perón, Lenin o Ramsés III. Que digan cuales. Y que salga el que le hace la ortodoncia a los muertos en Reus.

El cadáver de Prim y su gloriosa memoria pertenecen a España, patria por la que el general murió. Merece el respeto de los héroes y de los patriotas. Sobre su sangre se construyó la siguiente fase de la monarquía. Pero además le debemos el orgullo de las muchas batallas ganadas.

Los personajes de la Bicentenario, todos grandes habituales de las alfombras rojas y los círculos de poder, aunque muchos jubilados y en algún caso destituidos, se han esforzado por descalificar a la ciencia y a sus servidores. Finalmente han logrado darle gato por liebre al presidente del Congreso, lo que no les ha resultado nada difícil; y este, con ligereza, lo ha transmitido a su Majestad, Felipe VI.

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