Asesinados por el comunista Pol Pot, entre otros ‘crímenes’, solo por llevar gafas.


Saloth Sar, conocido como Pol Pot, también usaba gafas

Saloth Sar, conocido como Pol Pot, también usaba gafas

El Jemer Rojo es considerado uno de los regímenes más brutales del siglo XX. Sin embargo, los campos de exterminio de Camboya nunca fueron debidamente explicados.

Que las dictaduras son un sinsentido no es nada nuevo, que algunos dictadores en su espiral de locura llevan a sus países al caos y la destrucción, por desgracia, tampoco pero si hubo un ejemplo de sinrazón éste fue la Kampuchea Democrática de Pol Pot de 1975 (Sathearanakrath Pracheameanit Kampuchea).

Pol Pot fue el líder de los Jemeres Rojos y tiene en su palmarés el haber asesinado en masa a compatriotas en una gigantesca purga, durante los 44 meses (1975-1979) que estuvo en el poder en Camboya. Durante este período cerca de dos millones de camboyanos murieron a causa de las políticas de exterminio de lo que Pol Pot llamó “el enemigo oculto“, es decir, todo aquello que consideró contrario a su plan de construir “una nueva Camboya comunista“. Dicha acción generó otro tipo de consecuencias como hambrunas y epidemias que nunca fueron atendidas.

Campo de exterminio mas conocido es el Choeung Ek Memorial

El campo de exterminio mas conocido es el Choeung Ek Memorial

Su repercusión más importante, sin embargo, fueron las 1.700.000 víctimas que dejó la represión desencadenada dentro del marco de la búsqueda del “enemigo oculto“. Se calcula que más de un cuarto de la población murió durante lo que se conoce como el genocidio camboyano.

Saloth Sar, verdadero nombre del dictador nació en el seno de una familia de campesinos acomodados y, como la mayoría, no despuntó por su inteligencia. En París entró en contacto con las teorías marxistas-leninistas, lo que unido a un viaje a China en 1965 le convenció de la necesidad de llevar la revolución a su país al estilo maoísta con pinceladas inspiradas en el horror del régimen soviético de Stalin, a quién admiraba fanáticamente.

Verdugos de Camboya apoyados tanto por EEUU como por China. Izquierda: Pol Pot. Derecha: Kang Kek Iev, alias Duch, director de varias cárceles, incluyendo la famosa S-21, donde se interrogaba y ejecutaba a los enemigos del régimen.

Verdugos de Camboya apoyados tanto por EEUU como por China. Pol Pot y Kang Kek Iev, alias Duch, director de varias cárceles, incluyendo la famosa S-21, donde se interrogaba y ejecutaba a los enemigos del régimen.

El 16 de abril de 1975, los jemeres rojos entraron en Phnom Penh tras expulsar del país al general Lon Nol aliado de EE.UU. A partir de aquí comenzó la locura: ciudades despobladas con sus habitantes desplazados al campo, único lugar libre del nefasto capitalismo donde llegaron a trabajar entre 12 y 14 horas diarias. Se destruyeron los vehículos a motor, las bibliotecas y las medicinas, ya que Kampuchea tenía que basarse solamente en la sabiduría popular.

El resultado de las ejecuciones políticas, las torturas, el trabajo forzado, las enfermedades, el fanatismo y el hambre de la era de los jemeres rojos: entre 2 y 3 millones de muertos en sólo cuatro años. Nótese en la foto de arriba el fusil de asalto estadounidense M-16, procedente de la época en la que Washington utilizaba camboyanos conscriptos para luchar contra Vietnam del Norte. Muchos jemeres rojos eran adolescentes ex-niños soldado, embrutecidos tras una vida entera de guerra y fácilmente manipulados por la cúpula polpotista. El genocidio camboyano nunca tendrá en Hollywood el eco que han tenido otros genocidios históricos.

Nótese en la foto de arriba el fusil de asalto estadounidense M-16, procedente de la época en que Washington utilizaba camboyanos conscriptos para luchar contra Vietnam del Norte.

Se eliminó cualquier atisbo de propiedad privada. Una persona no era dueña de nada, ni siquiera de su orina, de hecho cada uno tenía que entregar cada día dos litros de orina para poder ser utilizado como abono. Se torturó a millones de personas con atrocidades difíciles de imaginar, se lavó el cerebro a los niños a los que se le alienó para que denunciaran a sus familias por robar un simple puñado de arroz.

Muchos jemeres rojos eran adolescentes ex-niños soldado, embrutecidos tras una vida entera de guerra y fácilmente manipulados por la cúpula polpotista. El genocidio camboyano nunca tendrá en Hollywood el eco que han tenido otros genocidios históricos.

En esta locura y dentro de la destrucción de todas las élites intelectuales a las que se consideraba subversivos, se asesinó a profesores, abogados o médicos. En esta espiral de destrucción después se eliminó a los que sabían un segundo idioma y finalmente, a todos los que llevaban gafas, pues los lentes eran síntoma de veleidad intelectual. No se hacía distinción con quién tuviese que utilizar lentes por tener un defecto visual; miopes y personas mayores con presbicia iban a engrosar sin contemplaciones, la inmensa colección ósea del maniaco camboyano.

La locura de un dictador que provocó uno de los mayores genocidios de la historia, y… que también usaba gafas.

 

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