¿Como enmedará el PP sus 11 millones de engaños?


Rajoy-Comite-Ejecutivo-PP-Gobierno

El pasado 20 de junio se cumplieron treinta meses desde que Mariano Rajoy fue investido Presidente del Gobierno. Ha sido éste, un año y medio (política, económica y socialmente) intenso y en el que se ha producido una acusada frustración social de las expectativas que habían alimentado los populares con su victoria electoral.

Es innegable que el Partido Popular ha sufrido un considerable desgaste político. Muy lejano parece, ahora, el resultado que obtuvieron los populares en las elecciones generales del 20 de noviembre de 2011, en las que, con cerca de 11 millones de votos -el 44,6% del total de los votos válidos emitidos-, lograron la segunda mayoría absoluta más amplia obtenida por un partido político en España en unas elecciones generales.

Pero si tenemos en cuenta el balance de la gestión realizada en este tiempo por el Gobierno de Rajoy, ¿hasta qué punto la situación demoscópica en la que se encuentra el PP es tan negativa? El cambio -al que pidió el PP que, con su voto, se sumaran los ciudadanos- ha sido muy diferente al esperado. El PP ha incumplido sus principales promesas electorales, ha “podado” el Estado de Bienestar y ha aplicado unas reformas que han supuesto un retroceso, sin precedentes, de derechos sociales. Y todo ello sin lograr que se produjera el prometido “milagro económico”, consistente en que, con su llegada al gobierno, la situación económica empezaría a mejorar. Así, en estos dos años y medio de Rajoy será recordado como la etapa en la que España pidió un rescate parcial a la Unión Europea para sanear el sistema financiero y el número de parados superó la dramática cifra de los 6 millones. A este balance, cuando menos cuestionable, se une, además, la complicada situación de un partido en el Gobierno al que le persigue la sombra de la corrupción.

En estas circunstancias lo deseable, desde el punto de vista democrático, es que el Gobierno hubiera sido proactivo en el ofrecimiento de explicaciones a la ciudadanía y hubiera actuado con transparencia y “humildad” (admitiendo errores y asumiendo responsabilidades). Pero la estrategia política que ha seguido hasta ahora el PP parece regirse por unos principios muy diferentes:

-Frente a un Gobierno que da explicaciones, el PP ha seguido una política de comunicación selectiva. El “silencio comunicativo” ha sido la principal regla de oro cuando ha tocado dar malas noticias; aderezado también por un afán de edulcorar la realidad a través del socorrido recurso a los eufemismos. Mientras que, por el contrario, el PP opta por la “comunicación intensiva” cuando se trata de dar buenas noticas (como, por ejemplo, hace con los datos del paro). En los temas “espinosos” o ante actos incómodos, el PP ha utilizado las conocidas ruedas de prensa sin preguntas y las comparecencias “tele-transmitidas

-Frente a un Presidente que da la cara y asume el liderazgo en un contexto difícil, Rajoy ha optado por una calculada infra-exposición a la espera de que lleguen momentos mejores para tener un mayor protagonismo. Ya en su última etapa como líder de la oposición, Rajoy optó por un liderazgo de perfil bajo con el fin de evitar el riesgo de perder votos, una vez que los sondeos le otorgaban una abultada victoria. Y ahora, como Presidente del Gobierno, no ha hecho sino continuar con esta línea que por otra parte, tan poco gusta al sector duro de su partido y a su mentor, José María Aznar.

-Frente a un Gobierno que asume sus responsabilidades, el PP utiliza la técnica de señalar culpables y desviar la atención. En el ámbito de la economía, el PP ha tratado de justificar todas sus decisiones impopulares recurriendo a la herencia recibida. La forma de gestionar el caso Bárcenas es un claro ejemplo de manual donde el objetivo es desviar la atención y confundir a la opinión pública, cambiando, en este caso, su papel de potenciales culpables por el de víctimas.

-Frente a un gobierno que admite errores, el PP ha hecho -sin complejos- borrón y cuenta nueva. Ante la previsión de que no haya una plena reuperación del empleo, el PP ha cambiado totalmente de discurso. Ha preparado a la opinión pública para lo peor: al final de esta legislatura el desempleo estará en un nivel más alto que cuando Rajoy llegó al Gobierno. Pero no se trata de que los “electores” se pregunten si estamos mejor que cuando gobernaba el PSOE, sino de cómo estaríamos si el PP no hubiese gobernado. El “relato” del PP es otro, ya que ahora no se trata de valorar si la economía real -principalmente el paro- está mejor que en la etapa de Zapatero, sino de ver en el PP al “salvador” que evitó que el tsunami económico -gestado en la etapa de Zapatero, por no haber hecho las reformas necesarias- arrasara la economía. Este viraje discursivo tiene sentido si tenemos en cuenta que los ciudadanos valoran hoy peor la situación económica que cuando gobernaba el PSOE. La “titánica” labor del PP se completaría con el objetivo de hacer frente a sus propias previsiones. Algo que, de conseguirlo, les permitiría amplificar la percepción de recuperación económica y presentarse como unos buenos gestores.

Habrá que ver si en el medio y largo plazo esta estrategia política es acertada o no. Pero, hasta ahora, está pareciendo funcionarles a los populares. Por el momento, han conseguido neutralizar -o, al menos, diferir- políticamente el caso Bárcenas aunque sigua siendo para ellos, una bomba de relojería. Rajoy ha conseguido resistir a las presiones y no ha hecho ninguna remodelación de su Gobierno. Han perdido, además, fuerza los sectores que reclaman su dimisión. El PP está tocado electoralmente, pero, aún con todo, seguiría siendo hoy el partido más votado en unas elecciones generales.

Es cierto, por otra parte, que hay una serie de factores que están beneficiando a los populares:

– la percepción de la ciudadanía de que, con independencia del partido que gobierne, la política económica sería la misma (la política que impone la Unión Europea);

– el aumento del malestar social no ha derivado en un movimiento de protesta amplio, sino que se ha fragmentado en un número creciente de grupos que son los que trata de seducir la formación Podemos, en el caso de la izquierda,  y Ciudadanos y Vox, en el caso del centro derecha;

– la situación de debilidad política del PSOE, que continúa sin encontrar “su sitio” (atrapado en su particular “ y sin consolidarse como una alternativa política al PP;

– la interiorización de la crisis y del malestar político. Después de casi seis años de recesión -sale en octubre de 2013, según el Banco de España-, nos hemos acostumbrado, en cierta medida, a vivir en tiempos difíciles y en los que las expresiones de malestar social han dejado de ser noticia. Llama la atención, en este sentido, que la sociedad española se muestre polarizada sobre los efectos que tendrá la austeridad. Así, mientras un 50% se muestra en desacuerdo con la afirmación de que “hay que tener paciencia con las políticas de austeridad que recomienda la UE porque a medio plazo éstas tendrán efectos benéficos”, otro 45% está de acuerdo con esa opinión. Y si bien hay grandes diferencias por electorados, lo importante para el PP es que la mayoría de sus votantes cree en los efectos benéficos de la austeridad.

Por tanto, treinta meses después de que el “cambio” se convirtiera en el “cambiazo”, el Gobierno de Rajoy ha mostrado una considerable capacidad de resistencia política. Más allá de su cómoda mayoría absoluta, el PP está sabiendo jugar sus cartas-la fragmentación del malestar social, la resignación en amplias capas de la sociedad, la interiorización de la crisis, la ausencia de una oposición fuerte,…-. La “partida” no ha terminado y el tablero puede cambiar rápida y radicalmente, pero el PP liderado por Rajoy aunque resiste, va dando muestras de un desgaste que sin duda le pasará factura en futuros comicios.

Nuevas agrupaciones políticas se están haciendo, y se harán hueco. En la izquierda es bien conocido el imán en que se ha convertido el proyecto de Pablo Iglesias y por eso andan en la competición de a ver quién es más rojo, más republicano y más radical. En la derecha y centro derecha, la decepción es descomunal y el PP se juega una migración de votos importante. El quid de la cuestión estará en estos próximos meses en la postura que tome esa gran masa electoral centrada, y centrista, que tomará una decisión a la vista de los acontecimientos venideros, dependerá del grado de cumplimiento creíble que haga el PP de su programa electoral en este tiempo, y que veremos a modo de test en las proximas Elecciones autonómicas y municipales de 2015.

­ ­El PP atribuye el desencanto de su electorado a que el partido ha quedado desnaturalizado por medidas excepcionales

También en el Partido Popular continúa el análisis de los resultados electorales. Y buscan soluciones para recuperar los votantes perdidos.

 

 

 

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