La paga del 18 de julio.


18 julio 2014.  Solemos leer y escuchar, que algunas de las “conquistas sociales de los trabajadores” son las pagas extra, o las vacaciones pagadas. Nada más lejos de la realidad.

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La actual paga extra de verano viene de aquella paga del 18 de julio de 1947 en tiempos del general Franco, la cual tiene origen a su vez, en la comida de hermandad que ofrecian las empresas a su personal para conmemorar el Alzamiento nacional del 18 de julio.

Y por otra parte, la paga de Navidad tiene su origen en la percepción de un aguinaldo navideño en especie, que los patronos daban a sus empleados, y que con el tiempo pasó a darse en metálico en forma de paga extra. Que sigue conviviendo hasta nuestros días con aquél aguinaldo en especie en forma de cesta de Navidad complementada generalmente con las populares comidas de empresa en esas fechas.

También se suele escuchar con cierta frecuencia que se ha querido, y se sigue queriendo, borrar todo rastro del régimen de Franco excepto cosas como aquella paga extraordinaria del 18 de julio que vino para quedarse hasta hoy como paga extra de vacaciones. Se ha dicho que los que no quieren ni oír hablar de Franco no tienen inconveniente en poner la mano para recoger tan oprobiosa herencia.

 

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Lo que si es cierto es que en estos tiempos de políticos enseñorados, amantes del privilegio, del coche oficial –a ser posible con chófer, claro– y blandita moqueta; sean de izquierda, de derecha o sindicalistas, de vez en cuando destaca alguien coherente.

Me refiero a Julio Anguita, que en 2004 renunció por escrito a la paga de pensión máxima vitalicia a la que tenía derecho como ex parlamentario, argumentando que “con la pensión que le correspondía como maestro tenía bastante”. Julio Anguita hace suyo el lema de Ghandi de:

vivir sencillamente, para que los demás puedan, sencillamente, vivir”.

Anguita destruye, en su caso, el dicho populista de: “todos los políticos son iguales”. Personalmente alabo la coherencia que siempre demostraron tener figuras de la vida pública com Marcelino Camacho o Nicolás Redondo, cuyos ejemplos de conducta siempre han despreciado la mayoría de dirigentes de izquierda -a los de derecha también les debería servir de ejemplo, aunque tienen los suyos propios-, tan pendientes de las jugosas dietas, nómina y un retiro dorado calentando el sillón de algún consejo de administración de cualquier entidad, preferentemente pública en la que el despilfarro y saqueo se note menos.

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