‘Podemos’, pero mejor no debemos.


 

A veces pienso que la Humanidad ha llegado a su tope y ha iniciado el retroceso a sus primitivas posiciones y actitudes. Vivimos sumidos en un grado de mediocridad intelectual y demencia generalizada que ya nada puede sorprendernos. Es lamentable que cuando la ciencia alcanza sus éxitos más relevantes, en este país nos preocupe más la marcha una selección de fútbol -a la que inexplicablemente llaman “la roja”, en lugar de “española”– a que haya miles de niños que pasan hambre, familias sin ninguna clase de ingresos y hasta desahuciadas de sus viviendas, y unos políticos que o nos matan de hambre o nos quieren ejecutar en la plaza pública si alguna vez llegan ellos al poder. No tenemos término medio. Pasamos del verde de la esperanza, al negro de la negación, pues hasta el azul cielo ha perdido su color ante la cada vez más insoportable contaminación.

Hemos hecho del esperpento, la vulgaridad y la procacidad nuestras armas habituales en la manera de vivir. Es como si desde hace tiempo nos hubieran ido sometiendo a un lavado de “coco” concienzudo y sutil, hasta convertirnos en una nueva modalidad de “zombis”. No he visto a un pueblo más fácil de dejarse influenciar por los brujos de la manipulación y el engaño, que el español.

Me resulta increíble pensar que somos descendientes y herederos de aquellos que no solo descubrieron, conquistaron y colonizaron un Nuevo Mundo, empresa que ningún otro país puede añadir a su palmarés, sino que impusimos nuestras leyes, lengua, cultura y maneras de vivir en un imperio que abarcaba los cuatro puntos cardinales. Hoy no somos capaces ni de gobernarnos nosotros mismos. La degeneración de una raza de titanes que ha ido perdiendo su fuerza zarandeada por los vientos de un progresismo equivocado, decadente y carente de esencia, que una serie de cretinos han convertido en el nuevo “becerro de oro”.
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Hemos dejado aparcados de mala manera nuestros ideales y valores, esos que dignifican y enaltecen a un pueblo y nos hemos entregado sin reservas a esos falsos profetas de la crítica anti todo y la libertad sin restricciones, que pierde su carácter y se convierte en libertinaje.

papeleta electoral

Nuestras decepciones son continuas y nuestros fracasos crónicos. Cuando esperábamos a ese carismático y honesto líder que nos sacara de este profundo y oscuro agujero en el que nos han hundido estos políticos ineficaces, nos sale al camino y consigue que algunos le voten, un señor con coleta y nada alentadoras intenciones, que manifiestaba en una entrevista en Público, antes de las pasadas elecciones, que su referencia política en el régimen cubano. ¡Lo que nos faltaba para solucionar nuestros problemas es un nuevo Fidel Castro y encima sin el carisma de líder que éste tenía!.

Añade nuestro nuevo político, que ya disfruta su sueldo y demás prebendas de eurodiputado, que “no hay que probar que el rey haya cometido ningún delito, su mera existencia es en sí misma un crimen”. Y se queda tan pancho. Lo más curioso es que este nuevo “mesías” ha surgido de la universidad, donde ha sido profesor, me figuro que ya habrá dejado este puesto a otro que se hallara en paro. ¿Qué ideas ha podido inculcar a sus alumnos clase a clase?. Lean y juzguen ustedes mismos.

En entrevista a una cadena televisiva extranjera con connotaciones bolivarianas, afirma que “la guillotina es la que dio paso a la democracia” y ensalza la pena de muerte mediante la decapitación como madre de la justicia democrática. Alaba el “justiciero papel” de la guillotina francesa: “cuantos horrores nos hubiéramos evitado los españoles de haber contado a tiempo con los instrumentos de esta justicia democrática”. Llama justicia democrática a las ejecuciones en masa, durante el reinado del Terror (1793-94) en la Francia jacobina. En menos de once meses, más de cuarenta y un mil decapitaciones, incluidas las de los propios impulsores. Una forma de pensar tan radicalizada y peligrosa que produce escalofrío que este señor pueda llegar algún día a gobernar España y nos encontremos con los cortes de cabeza de este Robespierre en versión moderna.

Vivimos aprovechando los rescoldos de nuestra ya chamuscada hoguera de las vanidades pasadas y de nuestras pesadillas históricas, y nos movemos a costa de unas inexistentes rentas, unos y otros, pretendiendo imponerse casi dictatoríalmente a los demás. Las condiciones son inmejorables para que los listillos de turno, aprovechen la bobería ajena y escalen el poder para acabar disfrutando de lo que hoy critican.

 

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Fuente: Félix Arbolí

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