Porqué España se ha convertido en un país y dejó de ser una Patria


Desde tiempos de la Transición del 78 se comenzó a sustituir intencionadamente el vocablo Patria por País con el resultado tres décadas después de un desarraigo colectivo de los españoles, potenciado con el desarrollo autonómico que ha buscado, en mayor o menor medida dependiendo de cual de ellas, instalar en las conciencias individuales el sentimiento de pertenecía a una Taifa en detrimento de la Nación española.

La Patria (del latín patrĭa, familia o clan; patris, tierra paterna; pater, padre) designa la tierra natal o adoptiva a la que un individuo se siente ligado por vínculos sentimentales, ideológicos, afectivos, culturales, históricos o sencillamente por ser el lugar de nacimiento. No suele estar muy claro para gran mayoría de personas la diferencia entre Nación, Estado, Pueblo y País, que vamos a repasar inmediatamente:

La Nación. O Sociedad que comparte un mismo territorio, una misma historia, un avance hacia un mismo destino común y en ocasiones, una misma lengua.

El Estado. Como Conjunto de personas que ocupan un mismo territorio con límites políticos definidos que se organizan -libremente o no- como entidad superior, gubernamental y políticamente, y que ejerce su poder sobre sus naciones o pueblos si los hubiere.

El Pueblo: Término menos político referendo al grupo de personas, no necesariamente organizadas ni en una sociedad ni en un territorio común, pero que sí comparten una misma historia y unos rasgos idénticos (misma raza o misma clase o una misma religión caracteristicamente vinculada con su historia…).

Y por último, el País. Referido al Área geográfica políticamente definida que es en menor o mayor grado independiente. Este es el vocablo impuesto a fuerza de ser repetido que trata de anular la fuerza de cohesión ideologia de pertenencia a un grupo orgulloso de su lugar de nacimiento que comparte diversos valores; dejando al individuo en la confusa nebulosa de pertenecer a un simple espacio geográfico, en igualdad de condiciones que un bosque o una cuenca fluvial. Sometiendo al individuo a un entorno básico en equivalencia con la flora y la fauna. 

Si a esto se le va añadiendo la paulatina y machacona destrucción del conocimiento y de la educación, del concepto de familia y desprecio por el no nacido, salpimentada con toques profundos de materialismo, nos encontramos con una sociedad dócil y manejable a la que se deja vías de escape controladas como el deporte o la protesta, virtual o callejera, articulada en base a una deformación histórica, para dejar el pasado en el olvido.

Aunque exista la esperanza que proporcionan algunas organizaciones y grupos de opinión que no están dispuestas a dejarse adocenar -y que mayoritariamente siguen referíendose a España como País– es grave esta laxitud intelectual y moral, porque seguiremos estando a merced de políticos y grupos de presión que sacan tajada a costa de la mayoritaria población española fácil de manejar a su antojo, trayendo corrupciones y corruptelas como nos toca ver, y sufriría a diario. Claro, que el sentimiento patriótico, y más cuando se utiliza con fines torticeros, tampoco es garantía para librarse de lo mismo, y… de los mismos.

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