Breves apuntes sobre la Guardia de Asalto republicana


El Cuerpo de Seguridad y Asalto  fue un cuerpo policial español creado el 30 de enero de 1932 durante la Segunda República con el objetivo de disponer de una fuerza policial para el mantenimiento del orden público fiel a la República. Constituyeron la élite de las fuerzas de seguridad de la Segunda República.

Los inicios

Recién proclamada la República, el 17 de mayo de 1931 se reorganizó el Cuerpo de Seguridad y se le adscribieron las llamadas Compañías de Vanguardia (posteriormente denominadas Sección de Guardias de Asalto), utilizando como base la ya existente Sección de Gimnasia del Cuerpo de Seguridad. Integrada en el Cuerpo de Seguridad, la Sección de Guardias de Asalto constituyó una fuerza de choque destinada a actuar en las aglomeraciones con motivo de festejos, desfiles, manifestaciones, etc., y en los intentos de alteración del orden público. Se trata de los antecesores de los actuales antidisturbios. Entre otros cambios, sus miembros fueron mejor dotados y equipados para la conservación del orden público que la Guardia Civil.

 

Blindado Bilbao

Estructura 

Un Grupo de Asalto estaba formado por tres compañías de fusiles y una que llamaban de especialidades, integrada por Plana Mayor y tres secciones de morteros, ametralladoras y sección motorizada. Esta última contaba con coches ligeros, motocicletas, camionetas y autocares, ambulancias y blindados “Bilbao” dotados de ametralladoras. Cada compañía de fusiles, a su vez, comprendía tres secciones a cargo de un oficial y cada sección dos pelotones al mando de un suboficial. En total, unos quinientos hombres formaban el 5º Grupo de Sevilla.

Creación y crecimiento del cuerpo

Finalmente, el 9 de febrero de 1932, una parte del Cuerpo de Seguridad se transformó en Guardias de Asalto, pasando el cuerpo a denominarse Cuerpo de Seguridad y Asalto. Fue nombrado Muñoz Grandes primer jefe y fundador del Cuerpo, por el entonces Director General de Seguridad José Valdivia en el cuarto gobierno presidido por Manuel Azaña, permaneciendo al frente de la nueva policía republicana hasta 1935. Para su nombramiento influyó la gran fama adquirida al organizar y dirigir las tropas regulares de Marruecos durante la Guerra del Rif. Así se convirtió en el máximo responsable del orden público en las grandes ciudades.

Muñoz Grandes

El 24 de abril de 1932, según el autor Salas Larrazábal, se autorizaba el aumento de la dotación del Cuerpo de Seguridad y Asalto a un coronel, dos tenientes coroneles, 12 comandantes, 57 capitanes, 177 tenientes, 302 suboficiales y sargentos, y 3.896 cabos y guardias. El 8 de septiembre del mismo año, se autorizaba un aumento de 2.500 guardias. Ya en 1936, según el citado autor, el número de integrantes del Cuerpo de Seguridad y Asalto era de 17.660: 450 jefes y oficiales, 543 suboficiales y 16.667 guardias, de los que unos 8.000 pertenecían a la sección de Seguridad y el resto a la de Asalto. El cuerpo tenía 50 compañías distribuidas en 16 grupos: Madrid (1º,2º y 3º), Bilbao (4º), Sevilla (5º), Valencia (6º), Zaragoza (7º), La Coruña (8º), Málaga (9º), Oviedo (10º), Badajoz (11º), Valladolid (12º), Murcia (13º) y Barcelona (14º, 15º y 16º).

Principales actuaciones

En Enero de 1933, este cuerpo interviene junto a la Guardia Civil en la represión de los Sucesos de Casas Viejas, en el cual mueren más de 20 vecinos de la localidad. La brutalidad empleada por las fuerzas represivas conmociona a la opinión pública española. No sería la única actuación durante ese año, si bien durante la conocida como Revolución de Diciembre de 1933 intervienen en el mantenimiento del orden y la lucha contra levantamientos y atentados anarquistas. La otra intervención destacada tendría lugar durante Revolución de 1934, donde los Guardias de Asalto tendrían un importante papel en la represión de los disturbios en Barcelona y el fracaso de la huelga en Madrid y otras ciudades importantes.

Guerra Civil Española

Durante la Guerra Civil, el Cuerpo se alineó fundamentalmente con el Gobierno de la República, siendo uno de los cuerpos donde menos apoyos tuvo la Sublevación militar del 18 de Julio, que posteriormente se convirtió en la élite del Ejército Popular. Un 70 por ciento, se mantuvieron leales al Gobierno. Sin embargo, los acuartelamientos de Zaragoza, Oviedo y Valladolid se sumaron a la sublevación. De todos los cuerpos policiales que habían quedado en la zona gubernamental era el mejor visto por la mayor parte de la población. Esto hizo que gran número de militares decidieran ingresar en este cuerpo, para evitar los recelos y suspicacias que su profesión creaba. Hasta el punto de que Largo Caballero tuvo que prohibir a los oficiales del ejército pasarse a la Guardia de Asalto sin autorización expresa del Ministerio de la Guerra.

Desaparición

A pesar de su importante papel, la vida del cuerpo estaba llegando a su fin. Con la reorganización de las instituciones de la Segunda República a finales de 1936, llegaron algunos cambios; La Guardia Civil ya había sido transformada por el gobierno republicano en Guardia Nacional Republicana. A su vez, esta fue fusionada, por decreto, el 27 de diciembre de 1936 con el Cuerpo de Seguridad y Asalto para formar el Cuerpo de Seguridad Interior. Sin embargo el nuevo Cuerpo creado siguió manteniendo unas unidades de Asalto o vanguardia (fundamentalmente los miembros del ya extinto Cuerpo de Seguridad y Asalto), que sirvieron en el frente o con misiones pseudomilitares en la retaguardia. Los Guardias de Asalto se distinguieron como una infantería fiable y de choque al que la República siempre confió sus operaciones más delicadas, como la supresión de los sucesos de Barcelona o la toma de Belchite. El propio George Orwell -brigadistas Intenacional en la Guerra Civil española- lo reflejaba de esta manera en una de sus obras:

“Eran unas tropas magníficas, con mucha diferencia las mejores que yo había visto en España (…) Yo estaba acostumbrado a las andrajosas y mal armadas milicias del frente de Aragón, y no sabía que la República poseyera tropas como aquellas. No sólo eran hombres de unas condiciones físicas excepcionales, sino que lo que más me asombraba eran sus armas.”



Con el final de la guerra, el Cuerpo de Seguridad Interior sería disuelto por los vencedores de la contienda. Tras la contienda, la Ley de 15 de marzo de 1940 promulgada por Francisco Franco haría desaparecer también el Cuerpo de carabineros integrándolo en la Guardia Civil. Los miembros de la Guardia de Asalto que superaron los expedientes de depuración, se integraron en la recién creada Policía Armada (conocidos popularmente como “los grises”).





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