En España sobran banderas, sobran las autonomías. 


Las Autonomías españolas, pequeñas Taifas con 17 legislaciones diferentes han roto la unidad de mercado, dificultan la recuperación económica y la creación de empleo; un capricho parido en tiempos de UCD que cuestan más de 86.000 millones de euros cada año que atenta contra el estado del bienestar.

Según economistas como el catedrático Roberto Centeno, cada nuevo empleo público no productivo destruye 2,8 empleos privados, pues se necesitan más impuestos para mantenerlos.  Sostener el necesario estado del bienestar (una sanidad y educación de calidad, justicia, seguridad…) requiere empleo público suficiente y de calidad; el problema son los empleos públicos improductivos y a menudo innecesarios.  Según los expertos, y teniendo en cuenta el número de habitantes de España, sobran 1.000.000 de empleos públicos (y 920.000 de ellos por las autonomías).  Esto, junto a la ruptura del mercado económico y laboral producido por la proliferación de legislaciones autonómicas implica que las autonomías nos están empobreciendo.

No es cuestión de mejorar la gestión de las autonomías; es un problema estructural.  En total, el traspaso de competencias del Estado a las comunidades autónomas ha implicado un traspaso de 821.357 empleados.  Sin embargo los asalariados de las autonomías superan ya los 1.740.000 empleados (920.000 más que el Estado para hacer lo mismo) y no paran de crecer exponencialmente.
¿Dónde están esos 920.000 empleados de más? ¿Hay más médicos? ¿Más profesores?… Algunos más por el aumento de la población estos años, pero pocos.  De hecho, España está por debajo de la media europea en número de funcionarios y sin embargo diversos organismos aseguran que en relación al número de habitantes, en España sobran alrededor de 1.000.000 de empleados públicos.

¿Dónde están entonces esos 920.000 empleados de más en las autonomías? Se estima que 520.000 son enchufados, el resto, unos 400.000 son el producto de multiplicar por 17 la estructura de gestión.

Más de 500.000 enchufados: amigos, familiares y militantes (de todos los partidos políticos)… colocados en fundaciones, agencias y en las 2.671 empresas públicas creadas por las autonomías para contratar a dedo y evitar la fiscalización de las cuentas, convirtiéndose en una tapadera del despilfarro público.  Esto explica porqué nuestros políticos no quieren ni oír hablar de eliminar las autonomías. El problema autonómico no se resuelve sólo con legislación y recortes para eliminar esos 520.000 enchufados… porque seguiría habiendo 17 estructuras paralelas con competencias impropias y que nos costaría al menos la mitad de esos 86.000 millones de euros de sobrecoste anual que actualmente tienen las CCAA.

Actualmente las autonomías españolas tienen mayor nivel de competencias y gasto que las regiones de cualquier otro país del mundo. Aproximadamente tienen el  56% de competencias y del gasto público total. ¿Hay que descentralizar? Aquí todos los expertos están de acuerdo: Sí, pero hacia la administración local; en un país del tamaño de España no se justifica una administración intermedia entre Estado y Administración local (Ayuntamientos y diputaciones).

Exceptuando los mini Estados como Malta o Luxemburgo, España es el país europeo donde la Administración local tiene un menor porcentaje de gasto (aproximadamente el 12% del total de las administraciones públicas). Hay muchos ayuntamientos pequeños, algunos minúsculos que habría que fusionar además de mantener las Diputaciones.

Pero no nos engañemos (o que no nos engañen), aunque todas las castas políticas autonómicas, en su intento de mantener el estado autonómico cueste lo que cueste, estén deseando eliminar las Diputaciones y algunas incluso el Estado, aunque también haya despilfarro en muchos Ayuntamientos, aunque haya que legislar para evitar el enchufismo y se penalice incluso penalmente el despilfarro de dinero público… aún con todo eso, es imprescindible atajar el principal agujero en las cuentas públicas, el principal problema, el verdadero cáncer que impide dedicar recursos a lo que nos interesa y no a mantener una estructura administrativa ineficiente: el problema autonómico. Para racionalizar esto, hay que eliminar directamente las autonomías, cediendo las competencias tanto al Estado (las que gestionaría mejor y a menor coste como Sanidad, Educación, Justicia, Ciencia y Tecnología, I+D, grandes infraestructuras…) como a Ayuntamientos y Diputaciones (Asuntos Sociales, pequeñas infraestructuras…).

España incurrió en el error de contentar a los nacionalismos durante la transición, en una descentralización muy, pero que muy cara y además mal enfocada pues deberían haberse cedido menos competencias y no hacia una administración intermedia innecesaria en las regiones sino hacia la Administración local.

Si añadimos la fusión de ayuntamientos pequeños o cesión de sus competencias a Diputaciones junto con la eliminación entidades comarcales o mancomunidades, tendríamos ya sobradamente solucionado el problema de los 90.000 millones de euros de déficit, sin recortes sociales ni subidas de impuestos por lo que tendríamos los cimientos sólidos para empezar a salir de la crisis.

España es con abrumadora diferencia la nación europea con más políticos por habitante.  Un reciente estudio cifra en 445.568 los políticos tiene España (incluyendo puestos a dedo, liberados sindicales…);  el doble que Italia y que Francia (segundo y tercer país pero a gran distancia de la España de las Autonomías). Otro ejemplo, Alemania, con el doble de habitantes, tiene tres veces menos políticos.

Como publicaba el catedrático de economía  Roberto Centeno en el diario Cotizalia: “… el dilemas es:  o las autonomías o nosotros.  No es una cuestión de partidos ni de ideologías, es una cuestión de dónde queremos en un futuro emplear los 86.000 millones de euros en impuestos que nos cuestan cada año las autonomías: en mantener el estado del bienestar (la sanidad, la educación, las pensiones…) o en pagar los 920.000 enchufados y empleados que sobran con el sistema autonómico y las castas políticas que lo sustentan…”

Podemos seguir mirando para otro lado, pero no nos quejemos si nuestros bolsillos menguan. Y ciegos estamos cuando reconocidos economistas, publicaciones financieras -como The Economist– e incluso hombres de letras, nos llevan advirtiendo de la catástrofe autonómica que padecemos, como el caso del filósofo Gustavo Bueno en su “primera propuesta”. Y para muestra baste un ejemplo…

 

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2 comentarios en “En España sobran banderas, sobran las autonomías. 

  1. El otro día fui a una farmacia en Castilla-La Mancha. Soy de Madrid. No me podían servir una receta (Metformina pues soy diabético) porque no estaba dado de alta en esa comunidad. Tomo también Feliben (opiáceo), entonces llamarían a las Fuerzas de Seguridad por consumo de drogas. Si en vez de nacer en España hubiera venido en patera tendría Seguridad Social por la jeta (ahora me la descuentan de la nómina) y todos los privilegios que de nuestros derechos nos quita la escoria gobernante. No hubo nada que hacer. Que me diera de alta en Castilla-La Mancha era la solución. Más pagar a sinvergüenzas pancistas.

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    • Ciertamente triste la experiencia que te ha tocado vivir, Rafa. Y es la consecuencia de este Reino de Taifas que desangra a España, fruto de pactos de un tipo de política paleta y torticera heredada de la Transición del ’78 más preocupada por crear ‘cotos privados’ para una nueva casta de políticos mediocres manejados por la vieja oligarquía. Resultado: El empobrecimiento material a paso firme de España y de los españoles, desprovistos en su gran mayoría de los valores elementales que los deja expuestos al libre albedrío de esa legión de alfeñiques ‘dirigentes’ que padecemos. Y prueba de la transformación social en masa borreguera, desprovista de conocimiento y de espíritu crítico, es que habiendo visto la verdadera de cara de estos reyezuelos está dispuesta a dejarse caer en las manos de algo peor: el populismo.

      Por eso el dislate sobre la compatibilidad de tarjetas sanitarias entre Comunidades, no es más que otra consecuencia de una política egoísta y frentista, que nos lleva camino de una existencia de supervivencia.

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