La criminalización hipócrita que no quiere distinguir entre crimen y aborto


Hemos conocido el abominable intento de homicidio de un niño recién nacido en la madrileña localidad de Mejorada del Campo a manos de su madre, una mujer colombiana de 37 años que tiene otros tres hijos de entre 4 y 11 años. El recién nacido habría muerto a no ser por un paseante que oyó llorar al niño que se encontraba dentro de una mochila arrojada a un contenedor de basura soterrado, y avisó a las autoridades.

La madre había decidido llevar adelante su cuarto embarazo ocultando el hecho a su marido, del que ha quedado claro que no ha tenido relación con el hecho sucedido quedando a cargo de sus otros tres hijos mientras su esposa ha ingresado en prisión. La madre homicida en grado de tentativa, también había ocultado su embarazo al dueño del bar donde trabajaba por miedo a perder su trabajo.

El motivo del hecho, según declaración de la madre, es tan sencillo como que tomó la horrorosa decisión de deshacerse de su nuevo hijo porque este lloraba por las noches, había discutido con su marido por haberle ocultado el embarazo y por ello decidió arrojar al pequeño al basurero.

El hecho es ciertamente repudiable, como lo es a la vez un Estado y una sociedad que amparan de facto el aborto con un discurso hipócrita que habla de Derechos Humanos, y hasta de los derechos de los animales, y al mismo tiempo no presta atención a los que van por la calle con las manos manchadas de sangre, en un estilo de vida convenientemente aburguesado que casi nos convierte en esclavos del consumismo, de las marcas o de ciertas rutinas de diversión, desoyendo cualquier predicado que esté cargado de sentido común.

Si una sociedad no protege la vida se destruye a sí misma, y el aborto en España que es libre y prácticamente gratuito, es la primera causa de muerte con unos 80 mil abortos anuales, frente a las 50 mujeres fallecidas víctimas de violencia doméstica de la que tanto se habla sin considerar que el aborto es también violencia criminal y sangrienta en el seno de la propia familia.

La sociedad hipócrita en la que nos toca vivir considera con razón, una asesina a la mujer que arrojó a su hijo al contenedor, siendo la misma sociedad que la condena la que hubiera absuelto a esta mujer si hubiera abortado tres semanas antes del parto sin reparar que ese niño es tan ser humano ahora como tres semanas antes de nacer, y que ese niño es un ser diferente de su madre igualmente ahora como tres semana antes de nacer.

Nadie se pregunta por qué que se propicia casi sin pudor la cultura de la muerte que nace del aborto y en cambio, no se arbitran medidas para las madres con los recursos suficientes que les permita sacar adelante a sus hijos; pero claro, es más barato abortar y fin de la historia… y del ‘problema’.

Horroriza lo que ha hecho esta madre desesperada, desde luego; pero horroriza más contemplar la indiferencia social generalizada hacia los seres humanos abortados y hacia sus madres, porque matar a un hijo entra dentro de los cánones socialmente adoptados. La sociedad condena a la parricida de Mejorada del Campo por arrojar a su neonato al contenedor, pero habría aceptado sin rechistar que hubiera sido cualquier clínica abortista la que arrojase al niño muerto al contenedor, en un mensaje que nos intenta decir “sino puedes con un nuevo hijo, haber abortado y no te diríamos nada”. Y luego hay quienes se rasgan las vestiduras con Auschwitz. Hipócritas.

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