La regulación del auto consumo energético o una nueva forma de tomarnos por idiotas


El siempre bajo sospecha circo del sector eléctrico lleva dos décadas de reformas y contrarreformas desde su ‘liberalización’ de 1997, incluidas sus sesiones no aptas para todo el público, del gas natural, ciclos combinados, con el fin de función de las renovables, solapada con la crisis del ‘déficit de tarifa’ aparejada a la reforma del sector desde 2013 que tan agradables sorpresas nos va deparando mensualmente en forma de ‘recibo de la luz’. El torrente de normativas opacas son el indicio de los poderosos intereses que hay detrás moviendo los hilos..

Y para que al oligopolio energético no se le abra ninguna vía de agua, ha decidido entrometerse en la esfera privada despreciando la libre competencia propia de una economía moderna de mercado, pretendiendo regular a su propio interés el autoconsumo para impedir el libre desarrollo de la autosuficiencia energética. Para ello no esta dudando en manejar a políticos, ecologistas y ciudadanos de a pie para que se movilicen contra el “impuesto al sol”.

En las últimas semanas se vienen repitiendo columnas de opinión y análisis en diferentes medios de comunicación-tras los que se intuye la mano de la patronal eléctrica: Unesa- en los que tachan de insolidario al autoconsumo, siguiendo la línea argumental del Ministerio de Industria, Energía y Turismo para sacar adelante el polémico borrador de real decreto que termine por ‘regular’ el autoconsumo.

Esta ‘insolidaridad’ se fundamenta en la consideración de que el sistema eléctrico tiene unos costes fijos (redes, distribución, operadores,…) que hacen que si los consumidores optasen masivamente por el autoconsumo y dejasen de pagar para sostener ese coste fijo, a quienes quedasen les tocaría pagar más, siendo ese segmento de público quienes tendrían menos recursos para costear un sistema autónomo de generación.

El discurso de la insolidaridad del autoconsumo viene gestándose desde 2011 en las cocinas de Unesa, a quien no le interesa un mercado de generación eléctrica horizontal que compita con el esquema tradicional con el que las asociadas a Unesa trabajan desde hace décadas.

Bajo esta lógica de los costes comunes, la normativa propone cobrar a quienes consuman su propia electricidad por el uso de la red aunque no la usen, como forma encubierta de mantener dentro del sistema eléctrico bajo unas reglas férreas a toda la población.

La tarea de calcular esos costes depende de la CNMC desde hace años, aunque van con pies de plomo y velocidad de caracol en vista del marrón en el que se ha metido el Ministerio y el IDAE con el último cálculo de este tipo que hicieron, cuando calcularon el coste de las plantas de energía renovable instaladas para revocar las primas y que ha llevado a España a los tribunales internacionales y a los altos responsables del Ministerio a enfrentarse a sendas denuncias por corrupción.

Independientemente de cuáles sean esos números, los sectores defensores del autoconsumo se han lanzado contra la acusación de insolidaridad. El director general de la –pequeña– patronal fotovoltaica Unef respondía en El Periódico de Catalunya que lo insolidario es el “impuesto al sol” dado que quienes apuestan por el autoconsumo contribuyen a resolver la triple crisis energética, ambiental y económica.

imageÉsta es la línea de defensa del autoconsumo como línea de expansión de la generación eléctrica renovable, una línea basada en criterios ambientalistas, sociales y que apelan al empuje de “lo nuevo” frente a “lo viejo”. La aparición de este borrador de Real Decreto haya coincidido en el tiempo con el anuncio de la empresa Tesla de lanzar una línea de baterías revolucionarias destinadas al autoconsumo no es en absoluto casual.

Así, el pasado 17 de junio en la sede de Ecoo en Madrid se realizaba un acto que contaba con un representante de Fronius –el futuro comercializador europeo de las baterías de Tesla– como puesta en escena de la alianza entre la tecnología punta de Silicon Valley y el movimiento por un nuevo modelo energético español. Aunque en dicho evento se pusieron de manifiesto las divergencias entre quienes apuestan por el autoconsumo aislado –que usa baterías– y el autoconsumo con Balance Neto –usa la red eléctrica como batería– todos coinciden en poner sobre la mesa que tras la polémica del autoconsumo hay un conflicto por el modelo de mercado y sobre sus actores. Por un lado el modelo tradicional, centralizado y controlado por grandes empresas y, por otro, un modelo descentralizado y aparentemente más accesible a ‘los ciudadanos’.

El debate sobre el “modelo de mercado” está efectivamente en la picota. Desde la emisión del documental de Jordi Évole que trataba muy críticamente el funcionamiento del mercado eléctrico se generó una oleada de iniciativas que se han agrupado en torno a la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético como punta de lanza de un movimiento más amplio que agrupa desde productores de energía renovables afectados por el recorte a las primas –especialmente de las fotovoltaicas– hasta las distintas cooperativas de comercialización que se despliegan y asientan por los distintos pueblos peninsulares. Las críticas al sistema de fijación de precios, al poder de mercado de las grandes empresas agrupadas en Unesa, la denuncia de la existencia de una extendida pobreza energética y la denuncia de la insostenibilidad del modelo actual, son los cuatro puntos principales en los que se vertebra la crítica al ‘oligopolio’.

Se apuesta por la presión ciudadana para que los consumidores puedan libremente elegir cómo se genera la energía que consumen, y lo que no se contempla cuando se habla de la generalización del autoconsumo y del cambio en el mercado eléctrico, es del necesario cambio en el sistema eléctrico no sólo sobre los papeles, sino técnicamente. El debate que está quedando fuera de plano en la polémica del autoconsumo es cómo debe ser la red eléctrica y si esta podría soportar esa multiplicación de los puntos de generación de energía a nivel físico, a nivel de cables, contadores, transformadores y trabajadores del mismo y no sólo sobre cómo, qué y quién factura por comerciar con energía.

Sin embargo, sí se escribe sobre cómo debe ser el futuro de la red eléctrica y cómo deben ser los cambios, y no precisamente abanderados por el entente pro renovables. Para no escarbar mucho en la documentación institucional de Red Eléctrica Española y de sus distintos accionistas al respecto, nos podemos quedar con lo que Cinco Días recogía en portada de sus Desayunos Cinco Días el pasado 15 de junio. Con el titular “Rumbo a la próxima revolución de la energía” se recogían las impresiones de un debate entre altos cargos de Siemens, Gas Natural Fenosa, Iberdrola Distribución y Red Eléctrica Española. A lo largo del debate, y entre cifras grandes y pomposas de ahorros y eficiencias, se demarcan dos líneas de desarrollo: la internacionalización y la revolución digital.

La internalización de la Red Eléctrica supone aumentar la complejidad de la que según la representante de Gas Natural Fenosa es la “máquina más grande que ha construido el ser humano jamás”. El objetivo es aumentar las interconexiones que cruzan los Pirineos y también, las que cruzan el Mediterráneo. La internacionalización de la Red es una apuesta que lleva en marcha décadas y que está detrás de proyectos faraónicos ya en marcha como la línea de Muy Alta Tensión que cruza Cataluña Occidental. Estos días la prensa también recogía el apoyo que varios ministros europeos daban al proyecto de la interconexión por el Pirineo oscense que pasará por Sabiñánigo.

Parece entonces que el sistema eléctrico español ya ha iniciado su marcha para absorber el impacto de un boom de la burbuja del autoconsumo que alguna gente ya prepara con la expansión de Tesla, pretendiendo emular en el sector de la electricidad lo que hizo Windows en el sector de la informática. Con eso en marcha, que a nadie le quepa duda de que el deseado autoconsumo llegará, aunque nos queda ver de qué manera. Puede que en poco tiempo tengamos a la banca financiando la instalación de sistemas de autoconsumo dependientes de tecnología de Silicon Valley como forma de revalorizar inmuebles y relanzar la burbuja del crédito y la hipoteca, o puede que simplemente la Iberdrola de turno nos instale placas y baterías en casa de la misma forma que hoy nos instala contadores. Que el bloque que domina el sector eléctrico hoy en día no esté trabajando por cambiar el mercado eléctrico no significa que no estén pensando en ello, y como prueba ya están levantando el ‘edificio’ según sus propios intereses.

Por suerte, hay cosas y principios, en el mundo, que están por encima de los intereses personales de unos pocos, y uno de ellos es la implantación de las tecnologías y modelos de negocio disruptivos, que Clayton Christensen definió como el proceso en el que se utilizan tecnologías sofisticadas para transformar un servicio o un producto que es complicado y caro, en algo simple y económico, haciendo las cosas simples y baratas.

En otras palabras, es mucho más barato y ecológico, que te produzcas la electricidad en tu casa con paneles solares, que generarla en una central nuclear, o de ciclo combinado, o térmica, y que después llegue a tu casa a través de una red de distribución.

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