Fallece R. Conquest, escritor influyente en la revelación del terror comunista


image

El 3 de agosto falleció en Palo Alto el escritor e historiador británico George Robert Ackworth Conquest, o Robert Conquest, el hombre que consiguió que hoy sea casi un lugar común admitir que los 100 millones de víctimas del comunismo han convertido a este en la plaga más mortífera que ha padecido la historia humana. Algo que hace apenas unos cincuenta años resultaba simplemente inimaginable.

Bien entrada la década de los sesenta, la hegemonía cultural de una intelectualidad militantemente marxista impedía todo cuestionamiento de la realidad política soviética; la crítica al universo comunista podía suscribirse hasta el punto en el que Kruschev lo había permitido, es decir, siempre que se apuntase al estalinismo como una disfunción causante de todos los males del sistema.

Durante la época estalinista, antes de 1953, la adhesión incondicional era la característica más pronunciada de los “intelectuales comprometidos”. Quienes, pertrechados de grandes dosis de coraje, se habían adentrado en la terra incognita de la denuncia –Koestler, Orwell, Muggeridge– hubieron de sufrir el encarnizamiento de los Gollanz y los Münzenberg, directores del teatro de títeres del comunismo internacional.

Tan solo un año antes de la muerte de Stalin, en 1952, se había producido la ruptura entre Camus y Sartre a cuenta de los campos de concentración soviéticos; conocedor de la terrible realidad del Gulag, Sartre cerró filas en torno a la omerta moscovita con la determinación de un sonámbulo, mientras un insobornable Camus se estremecía espantado ante la beatería cómplice de su antaño amigo. La interesada denuncia de los crímenes de Stalin que impulsó Kruschev en febrero de 1956 con motivo del XX Congreso de PCUS, por más que conmoviera los cimientos de las mesnadas comunistas, no fue tanto un intento de condenar a Stalin cuanto de salvar a Lenin. El discurso, en esencia, cristalizó en torno a la idea de que la revolución bolchevique –preñada de virginales y prístinas intenciones- fue raptada por la torva figura de un Stalin que se impuso al partido, al que pervirtió y contra el que desató una terrible campaña; las denunciadas purgas mostraban el supuesto odio de Stalin por el partido.

Se consagró entonces una nueva visión, respaldada por los afanosos acólitos de Moscú, de acuerdo a la cual la revolución marxista era el clarín que anunciaba el alba de un mundo nuevo; los errores que podían admitirse eran, en primer lugar, puramente coyunturales, y además, el reconocimiento de los mismos por Moscú era una áurea muestra de la rectitud de intención bolchevique. El que este proceso lo impulsaran quienes habían figurado entre los principales protagonistas del estalinismo no pareció importar demasiado a nadie, y menos que a nadie a los acólitos del leninismo en Occidente.

imageHasta que irrumpió, en plena tormenta sesentayochista, un sensacional libro, firmado por un antiguo comunista devenido más tarde en profesor de Stanford: El Gran Terror.

En él, Robert Conquest, que así se llamaba su autor, explicaba las purgas por primera vez en una clave más amplia que la de los juicios de Moscú, que es todo lo que se admitía por aquellos años.

No, el estalinismo no era solo las purgas; era las deportaciones, los fusilamientos, la colectivización y, sobre todo, era el hambre artificialmente provocado por el gobierno soviético, que se había llevado por delante entre trece y quince millones de seres humanos. Pero lo más importante del libro de Conquest no era nada de eso. Lo esencial, lo que había despertado las iras de la intelectualidad biempensante occidental, era la rotunda aseveración de que el estalinismo no era más que una consecuencia del leninismo. Esto, que es algo hoy plenamente aceptado, resultaba entonces sencillamente inadmisible. Había sido Lenin –aseveraba Conquest- quien estableciera la Cheka, quien exterminó a sus enemigos, quien entregó a los campesinos al hambre, quien desató una terrible guerra civil, quien estableció los más brutales mecanismos de represión. Había sido Lenin el creador del estado totalitario en el que el ser humano no era más que el prescindible mecanismo de una máquina mucho más deshumanizada que cualquier cosa que se hubiese conocido hasta entonces.

El mito de la pureza leninista frente a la burocratización criminal del estalinismo se derrumbó con estrépito. Robert Conquest ha sido esencial para entender el estado en el que se encuentra hoy la investigación sobre el comunismo y, más concretamente, sobre la Unión Soviética.

Robert Service, Orlando Figes, S.S. Montefiore o Richard Pipes no se entienden sin él; su aportación ha sido simplemente decisiva para interpretar uno de los episodios esenciales del siglo XX. Después de Conquest, la imagen de numerosos intelectuales de entre los que dictaron los modos de pensar y percibir en el siglo XX ha resultado irreparablemente dañada.

Es una evidencia que la historia ya no puede mirar con los mismos ojos a los “tontos útiles” (en expresión de nuestro autor) como Rolland, Sartre, Shaw, Aragon, Walter Duranty o los Webb.

image

Lista de asesinados por las purgas stalinistas en la ciudad de Bútovo

En este agosto de 2015 se ha comenzado la construcción de un monumento a las víctimas del comunismo en la ciudad de Bútovo, a las afueras de Moscú, el lugar donde comenzaron los fusilamientos masivos en las purgas de 1937; es posible que sin Robert Conquest ese monumento no se hubiera levantado nunca, o que, en caso de haberlo sido, nadie lo habría entendido fuera de las fronteras de los antiguos países que integraron la Unión Soviética. Lo que habría sido peor.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s