¿Libertad de expresión, tolerancia…? Depende para qué o hacia quién.


La libertad de opinión y manifestación, tiene el limite en el punto justo en el que comienza el miedo. Provenga este de un estadio menor, como el temor a ser señalado con el dedo por disentir con la corriente única de opinión implantada por una sociedad timorata y acomplejada, o provenga de una amenaza superior como lo es el riesgo de la propia vida.

Diez años después de las violentas manifestaciones contra las caricaturas de Mahoma en Dinamarca, el autor del dibujo más polémico no se arrepiente de nada y denuncia que el miedo haya ganado terreno a la libertad de expresión.

imageEl 30 de septiembre de 2005, Jyllands-Posten publicó una página con 12 viñetas de Mahoma y un texto en defensa de la libertad de expresión. El más polémico de aquellos dibujos, que desencadenaron una crisis mundial cuyo último episodio ha sido la matanza del semanario francés Charlie Hebdo.

imageLa caricatura fue obra de Westergaard: el profeta con un turbante en forma de bomba. Desde entonces, este antiguo maestro, que empezó a ganarse la vida como dibujante cumplidos ya los 40, ha pasado a figurar en la lista negra de Al Qaeda, ha sobrevivido a un intento de asesinato y vive bajo protección permanente del Politiets Efterretningstjeneste -PET-, el servicio de inteligencia de la Policía danesa.

Kurt Westergaard, de 80 años, vive bajo protección policial desde que el primero de enero de 2010, Mohamed Geele, un islamista somalí de 28 años vinculado a Al Shabab, irrumpió armado con un hacha en el adosado de Westergaard en Viby, un suburbio de Aarhus.

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Con su barba pelirroja, sus bufandas chillonas y su bastón con incrustaciones de plata, Westergaard no pasa desapercibido en la calle, donde sigue siendo blanco de insultos por personas de origen extranjero.

No tengo ningún problema con los musulmanes en general, siempre lucharé por el derecho de la gente a tener su religión y sus creencias”, afirma el artista, ateo. Más que un ataque al islam, ve su dibujo como una crítica a “los terroristas que sacan sus municiones espirituales de pasajes del Corán”.

imageLa caricatura de Westergaard, publicada junto a una decena de dibujos sobre Mahoma, estaba destinada a alimentar el debate sobre la autocensura y la libertad de expresión. Pero meses después de su publicación, las viñetas suscitaron violentas manifestaciones en muchos países musulmanes escandalizados de que se representara gráficamente al profeta, algo prohibido por el islam. Los atentados de enero en París contra el semanario satírico francés de izquierdas fundado en 1992, Charlie Hebdo, que había reproducido las caricaturas del Jyllands-Posten, recordaron nuevamente la polémica de 2005. Así como cuando un danés de origen palestino mató al mes siguiente a un cineasta durante un debate sobre la libertad de expresión en Copenhague, en el que participaba el artista sueco Lars Vilks, que en 2007 que acaparó la atención cuando publicó una caricatura de Mahoma, al que retrataba como un perro (animal proscrito por la fe islámica) y que publicó el diario sueco Nerikes Allehanda.

La publicación de Westergaard fue el único en Dinamarca que no publicó los dibujos de Charlie Hebdo sobre Mahoma, por ‘motivos de seguridad’. “Para nosotros, sería completamente irresponsable publicar antiguos o nuevos dibujos del profeta”, justificó su jefe de redacción, Jørn Mikkelsen. Para Westergaard, esto demuestra que el miedo ganó terreno a la libertad de expresión y critica que el sindicato de directores de centros escolares no quisiera mostrar las caricaturas a los alumnos.

Dicen que ahora hay que hacer gala de tolerancia y tener mucho cuidado con no ofender a nuestros conciudadanos musulmanes. Pero se trata de miedo”, insiste Westergaard.

Nada más cierto, y es que la ‘libertad’ en las acomodadas sociedades occidentales suele acabar cuando se arriesga la vida. En ese mismo momento el arrojo que se exhibe con vehemencia ante el prójimo en una climatizada terraza de moda acompañado de unas gambas y unas cañas, suele desaparecer. No hay problema en poner a caldo al ‘rancio catolicismo’, o al ‘fanático islamismo’… siempre que se esté seguro de que los oídos de los seguidores del profeta no están cerca.

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