Mientras los Estados Unidos dedican todo un mes a exaltar la Hispanidad, nuestros titiriteros se afanan en airear su imbecilidad


 

Mientras en España, aprovechando que celebrábamos la Fiesta Nacional del 12 de octubre, los tiritemos de siempre intentaron ofender gravemente nuestra historia con escatológicas manifestaciones que solo consiguieron -de nuevo- descalificar a quienes las vomitaron. Incluido ese vago espantapájaros de alcalde gaditano que dice ser profesor de historia.

imageEl pasado jueves el presidente Obama honraba el pasado hispano de los Estados Unidos con motivo de la celebración del Mes de la Hispanidad -el Hispanic Heritage Month– coincidiendo con el 25 aniversario de la Iniciativa de la Casa Blanca para la Excelencia Educativa de los Hispanos.

Todo ello sin perder la perspectiva de que las declaraciones de Obama sobre la inmigración, constituia una estrategia importante para conseguir el voto hispano de cara a la elección presidencial de 2016.

El Mes de la Hispanidad es un tiempo dedicado al reconocimiento de la contribución de españoles e hispanos, a la formación de los Estados Unidos de América celebrando con numerosos actos la herencia cultural recibida, desde el descubrimiento del Nuevo Mundo por Cristóbal Colón en aquel lejano 12 de octubre de 1492.

Pocos recuerdan que en 1526 los españoles desembarcaron en el estado de Virginia 81 años antes de que los ingleses se establecieran en Jamestown. Algunos mapas de la época denominaban a lo que ahora es la parte sur de Virginia como las Carolinas y a Georgia como “Tierra de Ayllón”. Lucas Vázquez de Ayllón fue el controvertido explorador español (o “adelantado”) que dirigió la breve expedición y el posterior asentamiento, acompañado por el padre dominico Antonio de Montesinos (1475-1540). Durante la Navidad del año 1511, Montesinos dio uno de los sermones más memorables de la historia de las Américas, dedicado a exponer las penurias de los nativos y su explotación por parte de algunos españoles.

imageLos relatos de los españoles en América tuvieron una tremenda influencia en el desarrollo de las teorías de gobierno y los derechos humanos. La principal estatua erigida ante el edificio de la Naciones Unidas en Nueva York representa a Francisco de Vitoria (c. 1495-1560). Vitoria, un fraile dominico que fundó la llamada “Escuela de Salamanca”, fue un reconocido defensor de los derechos humanos.

Aunque nunca puso un pie en las Américas, desarrolló sus ideas reflexionando sobre las primeras décadas de experiencia europea en el continente, incluidos los escritos del padre Montesinos, que pertenecía a su misma orden religiosa. Vitoria fue también gran defensor del libre comercio, que veía como un derecho humano fundamental. En su opinión, los burócratas de Sevilla tenían que respetar la propiedad y los derechos comerciales de los hispanoamericanos, al igual que éstos tenían que respetar los mismos derechos de los nativos americanos. Vitoria y sus seguidores argumentaban que los derechos humanos, incluido el derecho de propiedad, no dependen de la gracia divina, pues incluso los pecadores tienen derechos. Este pensamiento fue esencial para el orden constitucional americano.

Poco después de Vitoria el jesuita español Juan de Mariana (1535-1624) aportó con sus escritos importantes contribuciones en los campos de la ciencia política y la economía. Thomas Jefferson conocía el libro más importante de Mariana, “Historia de España” y le envió una copia a James Madison. Juan de Mariana enseñó más tarde en el Colegio de Roma junto a Francisco Suárez (1548-1617). Ambos desacreditaron la teoría del derecho divino de los reyes y ambos reciben un reconocimiento cada vez mayor por haber influenciado indirectamente la obra de John Locke (1632-1704). Aunque los puntos de vista de Locke ayudaron a crear el Sueño Americano, las primeras constituciones de Estados Unidos, como las Órdenes Fundamentales de Connecticut (1639), se redactaron cuando Locke sólo tenía seis años. El pastor Thomas Hooker (1586-1647), y antes que él Richard Hooker (1554-1600), sostuvo en Estados Unidos puntos de vista similares a los de Suárez, Mariana y otros intelectuales españoles sobre los gobiernos y los derechos.

Basándose en algunos de estos hechos, O. Carlos Stoetzer, profesor ya fallecido de la Universidad Fordham, escribió un extenso documento académico sobre “Las raíces escolásticas de la Constitución de Estados Unidos”.

Thomas Jefferson también estudió la historia constitucional española y escribió:

“En la Constitución de España, según se propuso en las últimas Cortes, había un principio completamente nuevo para mí… que ninguna persona, nacida a partir de ese día, debería adquirir el derecho a la ciudadanía hasta que pudiera leer y escribir. Resulta imposible apreciar de manera adecuada la sabiduría de dicha disposición”.

Muchos americanos de origen español han recibido merecidos homenajes. Una importante plaza de Washington DC y una estatua están dedicadas a David G. Farragut (1801-1870), americano de origen español. Farragut era hijo de Jordi Farragut (1755-1817), nacido en Menorca. David Farragut llegó a ser el primer almirante de Estados Unidos. Es recordado por grandes acciones, incluida su arenga “Al diablo con los torpedos, a toda velocidad” durante la batalla de la Bahía de Mobile, en la que dirigió a Estados Unidos hacia la victoria.

Bernardo de Gálvez (1746-1786), gobernador de Luisiana en 1777, ayudó a los rebeldes americanos, no sólo vendiéndoles municiones, sino también dejándoles utilizar su territorio y el puerto de Nueva Orleans para su campaña. Gálvez murió joven en México, pero dejó tras de sí un importante legado: la ciudad de Galveston se llama así en su honor. Otro hispanoamericano, Juan Bautista de Anza (1736-1778), que antes de convertirse en gobernador de Nuevo México realizó un largo viaje desde México hasta lo que hoy es el norte de California, contribuyó con su empeño a establecer los primeros asentamientos europeos en Monterey, San Francisco y San José.

Desde los estados que tienen nombres españoles como Arizona, California, Colorado y la Florida, a las populares flores de Pascua (la poinsetia recibió su nombre por el embajador de Estados Unidos en México que trajo la planta al norte en 1825), pasando por la curiosidad de que el legendario Daniel Boone juró fidelidad al rey de España en 1802, existe una abundante historia que hace que los hispanoamericanos se sientan como en casa en Estados Unidos.

imageEs cierto que la mayoría de las personas que ayudaron a desarrollar las instituciones fundamentales de Estados Unidos, especialmente los Padres Fundadores, procedían de las migraciones anglosajonas, y que la contribución de los españoles es más anecdótica que vital, salvo en las bases intelectuales como es el caso de Francisco de Vitoria que podríamos pensar que escribió ‘el borrador’ sobre los tratados de Derechos Humanos que hoy conocemos y que sentó los fundamentos de constituciones como la francesa o americana.

Si la intervención española contribuyó a la formación de los Estados Unidos de América en sus orígenes, de nuevo vuelve a tomar importancia gracias a las migraciones de hispanos como relata en su reciente libro “Our America”, el académico de la Universidad de Notre Dame Felipe Fernández-Armesto defendiendo un punto de vista de que Estados Unidos se convierta finalmente en el país latinoamericano más dinámico.

Ademas de conocer su historia, los españoles harían bien en estudiar qué hizo posible el surgimiento de las diferentes civilizaciones americanas, es decir, los principios y valores que atrajeron a nuestros antepasados hasta el Nuevo Mundo. Y deberían evitar tergiversar torticeramente la historia para adaptarla a sus bastardos intereses políticos intentando mancillar nuestra vasta historia con relatos ficticios que solo sirven para alimentar el propio odio a su patria, y el de quienes les siguen. Incluido es ser minúsculo pseudo ‘profesor de historia’, y genio letrista de canciones para comparsas, que rige la destrucción de la bella cuidad de Cádiz.

Irónicamente y por casualidades del destino, la misma ciudad de donde salió la Constitución de 1812 que relataba que “ninguna persona debería adquirir el derecho a la ciudadanía hasta que pudiera leer y escribir…” El Kichi y sus correligionarios, incluidos. 

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3 comentarios en “Mientras los Estados Unidos dedican todo un mes a exaltar la Hispanidad, nuestros titiriteros se afanan en airear su imbecilidad

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