Jaime Mayor Oreja en la presentación a María San Gil en su conferencia “Consecuencias y manifestaciones de la crisis en España”


 

imageLa Fundación Valores y Sociedad nació hace años desde la convicción profunda de que la crisis no era una crisis económica ni financiera solamente, ni siquiera era una crisis política, sino que era una crisis más profunda, una crisis de civilización, una crisis de valores, la crisis de nuestra generación.

Y uno de los valores que ha entrado en crisis en la vida pública es el valor de la Ejemplaridad. La actitud de ser ejemplo en la vida pública ha entrado en crisis. Y la habilidad, la astucia, a veces la mentira, la capacidad de adaptación a cualquier escenario, han ido sustituyendo poco a poco el valor de la ejemplaridad.

Por ello, de entre todas las razones que teníamos y que tenemos para escuchar a María San Gil, este valor de la ejemplaridad ha hecho que le invitemos singularmente a ella. María podrá ser muchas cosas, es cabezota, es terca, pero María es sobre todo una persona ejemplar, y una persona ejemplar significa una persona a imitar por todos aquellos que estén en la vida pública. Porque la vida pública ha ido menospreciando, despreciando, arrinconando, incluso ha ido a veces ridiculizando actitudes ejemplares.

Y esta Fundación pretende hacer exactamente lo contrario de lo que ha hecho una moda dominante en España en estos años. Si la crisis está en la persona, la crisis solo se superará valorando, apreciando, creyendo y enalteciendo actitudes ejemplares. Por eso María es para mí el símbolo de la ejemplaridad, del valor de la ejemplaridad. Y yo he sido testigo, que es mucho más que espectador, del significado de esa ejemplaridad personificada en María San Gil en dos circunstancias, una marcada por la tragedia y otra marcada por la crisis. Por eso no les voy a hablar de teorías.

Como ustedes saben, el 23 de enero de 1995, Gregorio Ordóñez fue asesinado en la parte vieja de San Sebastián cuando estaba comiendo y compartía mesa con tres personas más, y una de ellas era María San Gil. Muy pocos días después, yo invitaba a María San Gil en ese maravilloso hotel que tenemos los donostiarras, el María Cristina, a mantener una conversación. Yo en aquel momento conocía formalmente a María, pero no la conocía. Y María venía acompañada de su marido Íñigo, que tenía una gabardina blanca o clara, muy propia de San Sebastián, y venía con un paraguas en la mano. En aquella conversación, Íñigo no se desprendía ni de su gabardina ni de su paraguas, y en el momento en que yo le insistía a María que debía formar parte de la candidatura municipal, que me había pedido José María Aznar en mi condición de Presidente del Partido Popular del País Vasco, que encabezara, yo tuve la impresión de que ese paraguas iba a acabar en la cabeza de quien les está hablando en la tarde de hoy. Les aseguro que no creo que les faltaran a ambos, a María y a Íñigo, ni ganas ni deseos, pero aquel paraguas no se utilizó dentro ni fuera del hotel, al menos que yo sepa.

El hecho es que con paraguas o sin paraguas María San Gil dijo que sí a formar parte de aquella candidatura municipal, y aceptó de forma ejemplar la invitación a formar parte de aquella candidatura en aquellos dificilísimos momentos. Ahora quizás parece fácil, no ha pasado nada, María está aquí, yo estoy aquí, pero les puedo asegurar que aquella decisión fue para María todo menos fácil, lo que sucede es que María se abrazó a su obligación, al deber, al sacrificio, y en definitiva, supo decir que sí en la tragedia, y su comportamiento fue ejemplar.

Años después, el escenario de la crisis, de la tragedia, fue reemplazado por otro envuelto por la crisis, una crisis que estaba comenzando alarvarse. María fue invitada a ser la número 2 de la candidatura del Partido Popular en Madrid, en las elecciones generales de marzo del 2008. María se atrevió a decir que no, para mantenerse al frente de su obligación, al frente del Partido Popular del País Vasco en aquel mes de marzo del 2008.

Y pocos meses después a María le pidieron que fuese la principal ponente del congreso del Partido Popular en Valencia de ese mismo año, dos meses después. Y María intuyó la crisis, percibió la crisis, se dio cuenta de que aquella era una crisis de valores, y soy también testigo de que también sufrió, de otra forma y de otra manera, pero se atrevió a decir que no por coherencia, por sus principios, por sus convicciones, y por lo que había aprendido a lo largo de aquellos años. Es decir, supo atreverse a decir que no en la crisis, cuando antes se había atrevido a decir que sí en la tragedia. María fue ejemplar en la tragedia diciendo que sí, y fue ejemplar en la crisis diciendo que no. Cuando dijo que sí, no se abrazó al poder, se abrazó a una candidatura municipal de San Sebastián. Ella sabía que no iba a ganar las elecciones. Y cuando dijo que no, estaba en la cima. ¿Cuántos políticos hubieran dicho que no a la invitación de ser número dos a la candidatura de Madrid, detrás del presidente del partido? Eso significa una actitud ejemplar.

Señoras y señores, un amigo común, que además es maestro común, un hombre ejemplar que fue Decano del Colegio de Abogados de San Sebastián durante muchos años, José María Muguruza, nos recuerda a ambos, tenemos esa suerte, porque yo tengo 63 años y tengo la suerte de que aún tengo maestros, que de la misma manera nos que en la naturaleza, la materia tiene tres formas; el estado sólido, el estado líquido y el estado gaseoso, en las sociedades, también tu puedes construir sociedades sólidas, sociedades liquidas y sociedades gaseosas. A lo largo de estas décadas, hemos sido arrastrados, hemos creado una sociedad excesivamente líquida, es decir, sin anclajes sólidos, es decir, sin referencias. Hemos ido socializando la nada, es decir la expresión máxima de lo que es líquido, hemos simplemente imitado el dinero, que es la expresión máxima de lo que fluye, que va de mano en mano y que casi nunca tiene referencias sólidas ni anclajes. Y hemos seguido esa estela, y hemos hecho del dinero el único valor de nuestras vidas.

Por eso, el problema de las sociedades líquidas no es sólo que se alejan de las sociedades sólidas, sino que se acercan, se aproximan al estado gaseoso. El estado gaseoso de una sociedad no es la revolución, sino el suicidio colectivo, porque dejas de creer, no tienes referencias permanentes, y tienes los mismos problemas que tiene la evaporación, que hace desaparecer esa sociedad.

Por eso, la solución no es como parece hacer esta sociedad todavía más fluida. Parece que la solución son las siglas, siglas nuevas que fluyen. La solución no está ni en las siglas nuevas ni en las siglas viejas, ni siquiera está en el modelo. La solución radica en un cambio de actitud personal, en la recuperación del valor de la ejemplaridad, en la recuperación de personas ejemplares como significa María San Gil. Y la crisis solo se solucionará con muchas, bastantes o pocas personas ejemplares, con un grupo de personas ejemplares que fundamentalmente entiendan y comprendan que ellos tienen que ser un ejemplo en una sociedad que se ha hecho líquida. Si hemos construido una sociedad líquida como lo hemos hecho, tenemos que saber rectificar, y tenemos que acercarnos a las referencias sólidas. El valor de la ejemplaridad tiene que nacer desde el fondo de nuestras conciencias personales, desde el fondo de nuestra sociedad, para exigir que los políticos sean también ejemplares.

María hoy está aquí porque en mi opinión, y creo que en opinión de muchos, es un símbolo del valor de la ejemplaridad, que es lo mismo que la autenticidad, que es lo mismo que la solidez de su conciencia, porque representa lo contrario de lo que conlleva una sociedad líquida. Por eso, la solidez no se expresa siguiendo una moda dominante, se expresa a través de una independencia insobornable de personas como María. Y yo les aseguro que María ha sido y es una persona radicalmente independiente, porque era y es sólida y porque tenía y tiene convicciones, porque era y es auténtica y porque se atrevía y se atreve a decir la verdad. Y como antes he dicho, para no quedarme en solo elogios, esa radical independencia le hace ser terca, a veces en la exageración. A María no se la convence si no está convencida. Hace lo que cree y cree lo que dice y eso es una rara avis en nuestra política y en nuestra democracia. Yo no sé lo que será de María en el futuro de España; lo que sí sé es que María es un referente del presente, y será un referente en el futuro, si es que aprendemos las lecciones de la crisis. María no se dejó arrastrar por la crisis. Y ¿sabes ustedes por qué? Porque antes María había comprendido y entendido el significado de la tragedia. Y cuando entiendes la tragedia, tú tienes más capacidad de entender y comprender la crisis.

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