¿Quién frenará a Podemos?


Sin necesidad de hacer especulaciones demoscópicas, es posible temerse que, a largo plazo, en una fecha incógnita, se instale en nuestro país una dictadura comunista. Precisamente, me refiero al hecho de que PODEMOS, el partido de Pablo Iglesias, llegue a cumplir su máxima. 

Alguno que otro podrá decir que estoy alucinando, excusándose en el hecho de que, el pasado día 26 de junio, no se diera el “sorpasso” (aventajamiento de PODEMOS al PSOE) y de que, el pasado 25 de septiembre, la formación de ultraizquierda perdiera votos tanto en Galicia como en las Vascongadas, además de sugerirme que ignore las encuestas, recordándome el fracaso del unísono mediático clintoniano. 

Llevaría razón pero es que no os vais a encontrar ante un informe demoscópico, tal y como observaréis a continuación. Antes de comenzar, quisiera recordar que ninguno de los principales partidos constitucionalistas está por la labor de aplicar la Ley Orgánica 6/2002, de 27 de junio, de Partidos Políticos, para proceder a la ilegalización de dicha formación. La aplicación consistiría, en principio, en lo estipulado por el noveno artículo de la ley en cuestión, que estipula que “los partidos políticos ejercerán libremente sus actividades. Deberán respetar en las mismas los valores constitucionales” así como que no hablamos sino de un partido que desprecia la Carta Magna. 

Luego, tener en cuenta la presunta financiación ilegal recibida de Irán y Venezuela (el artículo 5 de la Ley Orgánica 8/2007, de 4 de julio, sobre financiación de los partidos políticos, prohíbe donaciones procedentes del extranjero que superen los cien mil euros). Pero no voy a redactar tampoco un informe jurídico, sino a analizar la conducta de unos partidos constitucionalistas que, aparte de suscribir el consenso socialdemócrata-progresista, no tienen interés alguno en emprender una batalla dialéctica anticomunista. 

Cierto es que, de vez en cuando, en la tribuna de la Cámara Baja, algún diputado del PP o de Ciudadanos le ha dado alguna respuesta adecuado. No obstante, igual que el PSOE no rompe completamente con el partido neocomunista en cuestión y se acerca a postulados de izquierda nórdica, ni Ciudadanos ni el Partido Popular están por la labor de articular un discurso que advierta, poniendo todos los puntos sobre las íes, sobre los peligros que entrañaría una dictadura comunista, incorporando el máximo número de referencias históricas posibles (Unión Soviética, Cuba, Venezuela, Corea del Norte, Grupo del Visegrado, etc.). Solo han apelado, en sus campañas, a valores como la sensatez, la seriedad, la responsabilidad y la estabilidad; y si acaso han dicho otra cosa, no han ido más lejos y solo se han limitado a utilizar el término “populismo”. 

No obstante, hay que decir que el problema de PODEMOS no es que puedan incumplir sus promesas como el PP o tener actitudes “veleta” como Ciudadanos, o que sean una mera sarta de incompetentes sin más, sino que sus ideales se inspiran en el totalitarismo, en el control absoluto del individuo, en la manipulación, en una ideología que ha dejado más de cien millones de muertos y que ha arruinado todo territorio y sociedad donde se ha aplicado, sin excepciones. Empero, los partidos constitucionalistas no prefieren ir con la verdad, sino estar ensimismados con el cálculo electoral y “coleguear” cuando ha hecho falta con ellos, cuando son ellos quienes, dados sus ideales comunistas y su simpatía hacia abertzales, merecerían un “cordón sanitario”. 

Por cierto, si hacen algo distinto, no es sino beatificar a tiranos como Fidel Castro en medios de comunicación que bien por control directo (medios estatales) o por publicidad institucional, dependen bien del PP o del PSOE; y recordemos que en la anterior legislatura, ese mismo PP que comenzó, tanto a nivel nacional como a nivel regional, a emprender una sistemática de censura bien en pos de la ideología de género como en contra de la derecha crítica, rescató a La Sexta, la televisión privada que simpatiza con el grupo político liderado por Pablo Iglesias. Entonces, dado que nuestros políticos carecen de altura de miras para plantar cara a lo que no deja de ser una amenaza totalitaria, la clave no está en seguir excusándonos en el “mal menor” para votar a partidos como el PP, que no solo están dispuestos a ponerle alfombra roja a PODEMOS, sino a reforzar el consenso socialdemócrata-progresista (mayor presión fiscal, desinterés en recortar gasto público y liberalizar sectores, imposición de la ideología de género, etc.) y, probablemente, a abrazar el laicismo (ataques a la libertad religiosa que, en sintonía con la regresía, irían dirigidos hacia los católicos), sino en que nosotros, como sociedad civil, promovamos una férrea resistencia anticomunista pero, ¿de qué forma? Emprendiendo iniciativas en movimientos defensores del libre mercado, utilizando las redes sociales, ideando manifestaciones pacíficas, exhibiendo pancartas de repulsa, etc. La clave está en perder todo tipo de complejos. 

En conclusión, tengamos en cuenta que el factor sociológico es determinante, y no solo en fechas electorales. 

ÁNGEL MANUEL GARCÍA CARMONA Nacido en 1996. Del sur de España. Estudiante del Grado en Ingeniería Informática en UDIMA. Aficionado a la programación y a la fotografía. Anglo, franco y estonioparlante. Socio fundador de “El Club de los Viernes”. Liberal-conservador.

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